viernes, 25 de septiembre de 2015

No te tires a morir sin que te llegue la hora

2 Pedro 1: 13-15
Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas”.
TODA SU VIDA TRABAJANDO
"Y considero justo, mientras esté en este cuerpo, estimularos recordándoos estas cosas...".  Nota en la forma cristiana llena de esperanza con que el apóstol escribe sobre su muerte llamándola “partida”, y que se produce cuando se sale del cuerpo. Una referencia de la seguridad que tiene un alma que no se desintegra con la muerte y que ella es un viaje hacia Dios. El apóstol Pablo también usa esa terminología cuando refiere que tuvo una experiencia de exaltación espiritual, y menciona que le quedaba la incertidumbre si eso ocurrió dentro del cuerpo o fuera de él (2 Co. 12:2). A los hermanos y hermanos en la fe que mueren si hay que esconderles que se están muriendo, indica el terror que les produce el diagnóstico, que la fe en el otro mundo no fue bien cultivada. El pragmatismo en los sermones, el énfasis en ayudar a vivir en este mundo, dar aliento, usar las promesas como ayuda psicológica, son algunas de las causas que buenos cristianos, mal nutridos en el espíritu bíblico, teman morir y no puedan decir como Pablo que en ese caso con la muerte ganaría y que si cuando ella ocurriera, y ocurrió, no perdería nada y estaría muchísimo mejor  allá arriba que acá abajo (Flp. 1:21-23).

Son valiosos los hermanos que despiertan a los otros, aunque es mejor traducir  la palabra como que es mejor "estimularlos con recordatorios";  o despertarlos con recuerdos; un estímulo es mejor que un reproche. Generalmente no es edificante la llamada “crítica constructiva”; es mejor el estímulo. Lo que el apóstol Pablo recomienda, de reprender con dureza a algunos (Tito 1:12,13), a los malos cristianos cretenses, puede que no se aplique a hermanos que se han ido durmiendo en la fe. Como he dicho, un poquito de estímulo que les recuerde sus épocas de oro, sus brillantes triunfos, pudiera ser más efectivo que una amenaza de juicio divino o una actitud despectiva y los viejos, repletas sus memorias con historias, son los mejores equipados para estimular de ese modo a los que están un poco decaídos. Ahí está el caso de Pedro, que no sale de un rincón para ayudar porque nunca ha estado allí sino que antes de irse con Dios decide echar a andar algo que se quede de servicio en su lugar en este mundo.  
¿Qué recuerdos?  El apóstol está ya viejo (como el que esto escribe), el tiempo de su partida está cercano pero todavía tiene algo que hacer por su Señor, aún sirve a la iglesia según su fortaleza. Y tomó la pluma y papel y tinta y nació para todas las épocas, esta pequeña carta. Muy bien hecho cuando se sabe que el tamaño de su futuro es corto. Pedro no se jubiló nunca. Las enfermedades y limitaciones por los años pudieron limitar su servicio pero su vocación no desapareció.  Algo por la iglesia del Señor pudieran hacer los que ministros, pastores, diáconos, envejecientes, menos tirarse en una esquina y dejar que los más jóvenes lo hagan todo. ¿Y la experiencia acumulada, qué? ¿La dejará que se enmohezca? Si no es un trabajo grande el que pueda hacer, al menos despertar alguno no será muy difícil para que sea alumbrado y alumbre de nuevo (Efe. 5:14).

Ya sabes, si Dios todavía no ha enviado a sus ángeles a buscarte, no te sientes a esperarlos y que en vez de decirte, “bien buen siervo y fiel, entra en el gozo de tu Señor” te digan, “vamos ocioso”.