lunes, 12 de mayo de 2014

Una sociedad sin cristianos

Ester 7:4
"Si para siervos y siervas fuéramos vendidos, me callaría; pero nuestra muerte sería para el rey un daño irreparable". 

La idea que quiere expresar es que provocaría un desbalance en la sociedad, no habría forma de igualar la pérdida, no se podría ajustar la pérdida a la ganancia ni se podría hallar una compensación parecida. Piensa en el aporte económico que damos al reino, nuestras contribuciones al erario real, las favorables posiciones políticas que sustentamos, nuestra contribución en la educación y culturización del imperio, en la saludable influencia moral que ejercemos; nuestra extinción será una pérdida para el reino.

¿Qué pasaría al mundo si la iglesia cristiana desapareciera? ¿Qué pasaría al mundo si la iglesia cristiana se volviera mundo también? ¿Si la Biblia fuera rebajada hasta el concepto de un nivel secular, los ministros que pierdan su autoridad y se consagren a lo no sagrado y temporal? Piensa en los países donde somos una minoría insignificante o son devorados por dictaduras, empobrecidos culturalmente por la superstición, arruinados económicamente, conducidos por la materialización de la vida, inferiores en moral y la libertad convertida en libertinaje. No, la iglesia no debe desaparecer del mundo, ni tampoco lo hará, porque las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Cesen los ataques contra lo cristiano, contra nuestra herencia judeo-cristiana.

Se le está haciendo daño a la sociedad dañando a la iglesia, al hogar dañando a la iglesia, a la personalidad quitándole la fe, convirtiendo al nombre en una estatua escéptica, cultivando la incredulidad en las escuelas, minando por todas partes los cimientos de esa sagrada institución llamada iglesia, llamada familia, y corrompiendo los instintos naturales de los ciudadanos y rebajándolos al nivel de las bestias, en correspondencia con la filosofía darwiniana de la evolución de las especies enseñada como verdades indiscutibles en los libros de textos de todas las escuelas del país, el uso de libertad para poner fin a la incipiente vida prematura de los abortivos; pero por favor, cristianos, que la iglesia sea la iglesia y el evangelio sea el evangelio, la sal que sea sal, la luz que no se vuelva tinieblas, que lo cristiano sea cristiano y no seudo-cristiano. Una sociedad sin cristianos sería otra sociedad pero no mejor.