lunes, 26 de mayo de 2014

Jesús es el beso de Dios a nosotros



Salmo 2: 12
“Honrad al Hijo”; sea muy oriental o no la expresión, en hebreo lo que dice David es “besad al Hijo” (el que fue engendrado hoy). Es exactamente, por ejemplo, la misma palabra que se utiliza en Ge. 27:27 cuando Jacob besó a su padre. No exactamente cuando el Padre besó a su hijo pródigo (Luc. 15.20, “katafileo”; pero sí exactamente cuando David besó a Absalón su hijo traidor, 2 Sa. 14:33). Una enorme familiaridad que podemos tener con nuestro Salvador Jesús (Luc. 7:38). Es extraordinario como Jesús acortó distancia entre Dios y nosotros y entre nosotros y él. ¿No sabes que los éxitos de Jesús son tus éxitos, y que tus éxitos son los suyos, los de su gracia, que las batallas que ha ganado son tus batallas, que los honores, las medallas y su corona de vida son para ti? (2 Ti. 4:8). Besa a Jesús. Estas palabras no son una amenaza a los santos sino a los impíos (v.2; 2 Te. 1:5-9), a los que hacen afrenta al Espíritu de gracia. No como Judas que con un beso lo traicionaba ni como Joab besaba a Amasa y le clavaba el puñal en el vientre. El beso de Jesús es un ósculo santo; y nos besa con nuestra reconciliación. Es que Jesús es el beso de Dios a nosotros.