sábado, 31 de mayo de 2014

De todos modos, sonríele a la sabiduría de Dios



Salmo 18:32
“Dios ha hecho perfecto mi camino”. 

Hemos cometido imprudencias, equivocaciones y pecados; pero un día cuando el Señor lea (en su memoria) y explique la providencia en nuestras vidas, cuando todos nuestros enemigos hayan sido vencidos, incluyendo la misma muerte, seguro hallaremos que nuestro camino siempre fue perfecto; y llenos del Espíritu Santo exclamaremos con Pablo: ¡Oh profundidad de la ciencia y la sabiduría de Dios! (Ro. 11:33-36).  Y ¿por qué será así?  Por que el Señor lo hace; no dice el texto que nosotros no nos hemos equivocado, que siempre hemos decidido bien. La experiencia desmentiría esa falacia; tenemos muchas cosas que lamentar y si fuéramos a hacerlas de nuevo, la haríamos de modo distinto; pero el Señor ha hecho que ellas obren para bien (Ro. 8:28). 

No que hayan sido sabias o hubieran estado bien hechas sino que el Señor las ha usado para nuestro bien; en ese sentido nuestro camino ha sido perfecto, que no ha dañado nuestra salvación, que ha redundado para nuestro crecimiento en gracia. Nuestros caminos no son perfectos en sí mismos sino en el uso que Dios hace de ellos. “He escrito dos salmos confesando mi asunto con Betsabé y su esposo Urías el hitita; no pude evitar en mi literatura que los que entienden la mente hallen mucha culpa cristiana en mis composiciones; mi mucho gemir y llorar en mi lecho ha acortado significativamente mis años, ya tengo setenta y siento mucho frío. Busquen para mí un poco de calor humano para expirar tranquilo. Lo agradeceré y no sucumbiré a mis pasiones juveniles. En fin, lo sucedido es que Dios los ha enderezado (Sal. 5:8)”. En resumen, nuestro camino es perfecto cuando somos guiados por el Espíritu Santo (Ro. 8:14); y en retrospectiva mirando lejos, le sonreímos a esa hermosa pareja divina, la sabiduría y la gracia.