sábado, 7 de diciembre de 2013

Jesús no tenía ambiciones eclesiásticas


1Pedro 2:6-8
“Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él no será avergonzado. Para vosotros pues los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; Y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados”.

El punto focal en la religión cristiana lo es Jesús. Si lees el Nuevo Testamento verás eso, tanto en los Evangelios, en las epístolas y en la primera historia eclesiástica, Hechos de los Apóstoles. Jesús es la piedra principal en la catedral del cristianismo. ¿Qué importancia tiene Jesús para nosotros? ¿Dónde lo colocamos? ¿Sabemos bien quién es él para valorarlo como se merece o lo menospreciamos? Ahora no se dispone el apóstol a hablar sobre la indudable belleza de nuestra casa espiritual; (nuestra vida cristiana, la salvación), sólo le dedica un versículo, el 5 y no todo; porque guarda su pensamiento para la piedra principal, la persona de Jesucristo.

¿No es eso instructivo para discernir lo más importante de lo secundario? Pues veo que en vez de exaltar las perfecciones de la iglesia y el útil desarrollo de la eclesiología más urgente en esos tiempos es la cristología, la soteriología, todo aquello que es indispensable para la salvación.  La iglesia es importante, su gobierno, su desarrollo; pero la importancia focal de ella no es ella misma sino Jesús, “la principal piedra del ángulo” (v.6) Procuraremos mayormente entonces siempre dedicar más tiempo a Jesucristo como asunto preferente de nuestro estudio. Y hoy veremos la importancia sin límites que tiene nuestro Señor.

En el sistema de salvación cristiana hay que empezar por el punto adecuado. Algunos empiezan por su natalicio y siempre tienen presente al “niño Jesús”, otros por el “sanador”, pero sin embargo Pedro nos aconseja el punto más importante por donde hay que acercarse al Señor para ser salvo: la doctrina de la cruz. En eso insiste Pablo cuando dice, “me propuse no saber otra cosa que a Jesucristo y este crucificado”. No una cruz de madera, no un crucifijo. Para Pedro como para todos los demás apóstoles Jesucristo resucitó y fue glorificado y exaltado hasta la diestra del Padre. Es interesante observar que les  propone un acercamiento al Jesús desechado, coronado con espinas, burlado, escupido y crucificado, “piedra viva, desechada ciertamente por los hombres...la piedra que desecharon los edificadores” (vv.4,7). ¿Por qué? ¿Porque estando ellos en padecimientos obtendrían un seguro consuelo? Quizás, en un mundo hostil a la iglesia es confortante pensar que no nos tratarán mejor que a nuestro Maestro.

Pero Pedro afirma que Cristo no murió como otro cualquiera, su muerte no es social, política. Pedro está más interesado en animarlos tomando a Cristo donde el mundo lo dejó y explicar escritural y proféticamente su rechazo, y como la sabia providencia desarrolló los acontecimientos para colocar al desechado en una posición de importancia jamás alcanzada por otro. Quizás uno esperaría que Pedro hablara del Cristo en la gloria, de cómo el Padre lo subió hasta su diestra. Ese Cristo tiene una importancia enorme en nuestras vidas porque lo estamos esperando, sin embargo Pedro no está pensando ahora en nuestra glorificación  sino en la salvación, a qué Cristo nos hemos acercado, el Cristo conectado con la Escritura, eso no quiere decir que sea una producción religiosa, ni de los apóstoles ni de los cristianos. Los edificadores no lo hicieron, “desechada ciertamente por los hombres”, no es un producto del pueblo judío, de su cultura, de la mente de ellos o el resultado de sus ambiciones religiosas. Jesús no tenía ambiciones religiosas. Su único enfoque era penetrar dentro del sistema sacrificial judío, dentro de la ley mosaica para cumplirla. Sus ojos siempre estuvieron clavados en su cruz. Sus palabras eternamente escritas indican como Dios los desecha a ellos, a los constructores de la religión (edificadores), de la Iglesia (escribas y fariseos) y su preferencia por Jesucristo. Por dondequiera que mires verás que la muerte de Cristo siempre es “conforme a la Escritura” y “según la ley de Dios”, más que de acuerdo al derecho romano. Si ellos pueden extraer consuelo de eso, él se los suministra.