miércoles, 4 de diciembre de 2013

Con Dios en el negocio

Salmo 112:1-10
Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa y su justicia permanece para siempre. Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo. El hombre de bien tiene misericordia, y presta; gobierna sus asuntos con juicio,  por lo cual no resbalará jamás; en memoria eterna será el justo. No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está su corazón; no temerá, hasta que vea en sus enemigos su deseo.  Reparte, da a los pobres; su justicia permanece para siempre; su poder será exaltado en gloria. Lo verá el impío y se irritará; crujirá los dientes, y se consumirá”.  
 
El deseo de los impíos perecerá”. “El hombre que teme al Señor”, (el hombre de negocios). Si hay un salmo que permite hablar sobre competencia económica es éste. Es mejor leer el v.7 en conjunto con los otros nueve. Es un salmo especialmente dispuesto para el hombre de negocios, para el que hace inversiones. Se le asegura que no será vencido por sus adversarios (v.8) y cuando todo sea sacudido, que se estremezcan los cimientos económicos de la sociedad, cuando ella sufra como un terremoto o un colapso, él no (v.6). Dios se encargará de su economía. Pero este hombre, rico o de clase media, tiene dos rasgos en su carácter: medita mucho en los mandamientos del Señor, la Biblia es su leal compañera (v.1) y desarrolla su negocio de modo que agrada a Dios y el dinero que le entra viene del cielo, de sus riquezas en gloria en Cristo, es dinero que acompaña a la salvación. Y el otro rasgo de su carácter es que no ama el dinero que cosecha, porque el amor al dinero es “raíz de todos los males” (1 Ti. 6:10). 
 
El hombre de este salmo es único porque pasó por el ojo de una aguja como dijo el Señor, pero pasó, fue difícil pero pasó, le costó mucho pero pasó. Y ¿cómo lo sabemos? Porque da prestado (v.5), si lo devuelven, bien, si no pueden lo olvida, el dar a los demás no lo arruina. Si presta no lo da con interés a sus hermanos y eso le permite a ellos prosperar económicamente, porque no sólo presta para sacar algún provecho sino para que otros prosperen, y haya una mejor economía, y su país prospera. Y lo verán los otros impíos, los pobres por impiedad y tratarán de saber el secreto de aquella prosperidad, y querrán que él les diga cómo ha podido hacer su fortuna, y él simplemente le dirá “con Dios en el negocio”, y ellos incrédulos, rechinarán de envidia los dientes (v.10).