sábado, 7 de diciembre de 2013

Los apóstoles jamás inventarían a Jesús

1Pedro 2:4,7
 (Segunda parte)
La posición única e insustituible de Jesús en la religión cristiana no se la ha dado la iglesia, ni sus constructores ni menos sus enemigos (vv.4,7), “desechada ciertamente por los hombres mas para Dios escogida y preciosa. La piedra que los edificadores desecharon ha venido a ser la cabeza del ángulo”. Ni Cristo ni la historia de la salvación por la gracia es un invento de la Iglesia; o de un grupo asombrado por sus milagros. La Iglesia no fue la que hizo a Jesucristo, no produjo su Persona. Por parte de sus adversarios, los contemporáneos maestros religiosos, lo desecharon hasta la muerte y por parte de sus seguidores mismos, ya hemos sabido que eran tan débiles, insuficientes e incultos que jamás hubieran podido crear una persona como la del Señor. La iglesia cristiana no nace con Cristo, ella con él. Lo que hoy conocemos de él no es lo que la Iglesia opinó, ni lo que el mundo de aquel entonces oyó decir, sino lo que él revelaba de sí mismo. Algunas veces, muchas, mas bien ella se tardaba en creerlo y admitirlo. El Nuevo Testamento no son las  opiniones de aquellos hermanos sobre su persona, no esculpieron a Jesús con el cincel de sus sentimientos ni lo veían como querían verlo. ¿Es él la cabeza del ángulo de tu vida? ¿O la construyes sin él? Si Jesús no edificare la casa en vano trabajan los que la edifican.  

2. Una prueba de su valor inmenso y celestial, es que los edificadores de la Iglesia lo desecharon (v.7), “la piedra que los edificadores desecharon”. Según ellos Jesús no era una pieza apropiada para la continuación de un viejo programa religioso, según la forma de ver de sus contemporáneos él era inadecuado, contraproducente y opuesto a la perspectiva espiritual. Su cruz prueba que no fue una confección de su época. Jesús edifica su Iglesia sobre la Escritura no sobre interpretaciones o gustos humanos. El apóstol Pablo que vino después se cuidó mucho de que las congregaciones no pusieran “otro fundamento que el que está puesto”, y filosofías no sacaran dicho fundamento de su lugar.  Si observas las palabras del apóstol verás que tres textos de la Escritura son citados para probar su conexión con ella. El rechazo de Jesús es una prueba de su comisión divina; en ese mismo lugar de desprecio humano es donde Dios lo declara su escogido, la piedra angular de su iglesia, joya preciosa de valor insuperable.

El apóstol les cita la Escritura para que conozcan la importancia sin límites que tendrá la fe en Cristo en el momento de la vida eterna. Cuando el apóstol dice “el que creyere en él no será avergonzado” (v.6), pienso que se refiere al momento final cuando tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios. Es una expresión que recoge los acontecimientos del juicio final. El juicio por los pecados es una exposición de las vergüenzas humanas. Los pecados de los hombres avergüenzan. ¡Qué delicioso es pensar en él en esos momentos, cuando no tenemos que temer pasar un mal rato por nuestros pecados! Eso quiere decir que no usará ningún reproche que nos avergüence, y sobre todo que no se expondrá a la vista de nadie nuestra desnudez espiritual porque ella está asociada a la vergüenza.

No seremos desnudados. Estaremos vestidos como escogidos de Dios, “vestidos del Señor Jesucristo por medio de la fe”, “el que creyere”. Sólo la fe, es suficiente para adquirir la encubridora justicia de Jesucristo. No necesitas más para ser cubierto tu pecado. Quien vaya a la sala del juicio esperando oír nuestras vergüenzas está equivocado, allí no se verá nada que desacredite a nuestra salvación, el lino fino de sus obras nos cubrirá por completo y la ropa de nuestra justificación será perfecta. Cam, el hijo de Noé no podrá reírse de vernos desnudos. Cuando se salva un alma de la muerte, dice Santiago, se “cubre multitud de pecados”. ¡Qué vergüenza sufrirán aquellos que no estén vestidos por Jesús! ¡Ser expuestos todo por dentro, sentimientos, pensamientos y hechos a la luz del día y a ojos del mundo entero! ¿Has pensado en eso? ¿Y no harás nada para ser cubierto por la justicia del Señor?

Entonces llegamos al texto donde se muestra que Jesús es todo nuestro honor, palabra que se ha traducido “precioso”. Nuestro honor será él, ser cubiertos por él, usar la ropa de su vida intachable, cubrirnos con sus acciones justas. El valor de Jesús se vuelve sin límites para los que creen en él porque Pedro les dice que “es precioso” (de mucho valor; v.7). ¿Hay algo que tenga más valor que nuestra salvación? No digo que tenga algún valor para los que no creen. De esos también el apóstol habla, pero yo no me ocupo hoy de los que los disminuyen. Él es nuestra completa fortuna, nuestra suerte, nuestra perla de gran precio, nuestro tesoro en vaso de barro, nuestra herencia. Con él somos ricos, hemos sido “enriquecidos con su pobreza”, como dice Pablo, somos redimidos por su sangre preciosa, creemos su evangelio precioso, somos propagadores de su precioso mensaje. ¡Qué afortunados somos con Jesús! ¡Qué pobres son los que no lo tienen! Vivimos mejor con él que si estuviéramos en la casa de César, un día con él en sus atrios es mejor que mil fuera de ellos.