jueves, 12 de diciembre de 2013

Suficiencia y confianza en el Nuevo Testamento (II)

2Pedro 1: 17-21
Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.

Ya vimos que tanto el Nuevo Testamento como el Antiguo sus documentos son confiables y que por ser inspirados por Dios podemos hallar en ellos la salvación, pero ahora se hace necesario que insista en algunos aspectos (1) Que la profecía a la que Pedro se refiere que debemos estar atentos como inspirada por Dios, actualmente es la canónica, hállese en el Antiguo o en el Nuevo Testamento. El don de profecía concedido por Dios a la iglesia apostólica ya cesó o mejor dicho, es el actual ministerio de predicación de la Palabra. (2) Que la palabra “profética más segura” (v.19), no se compara con el evangelismo sino con las leyendas y los mitos que de toda suerte han corrido en referencia a Nuestro Señor. (3) Que ambos, A. T.y N.T. como palabra inspirada por Dios y no por voluntad de hombre, deben ser nuestra antorcha hasta que muramos y entremos en el amanecer de la eternidad. Pedro mismo estaba próximo a su muerte cuando escribe esto. (4) Aunque tenemos “también” la palabra profética, la Persona y obra de Jesucristo es el testimonio más seguro de nuestra Salvación (vv.17, 18) ,“fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo Amado en el cual tengo complacencia”, porque Dios mismo, en el evento a que Pedro se refiere, dijo: “A él oíd”, y de todo lo que Pedro vio allí, Moisés y a Elías, y lo que oyó, lo que más impresión le produjo fue oír a Dios llamarle su Hijo Amado. Más de 30 años después.

Que la profecía que hoy tenemos como inspirada por Dios es la que ha quedado en el canon. Sin contender, vemos que la profecía a que Pedro se refiere y desea que sus hermanos vuelvan los ojos y le presten atención es  la que se halla en la Escritura (v. 20), “entendiendo esto que ninguna profecía de la Escritura”. En tiempo de Pedro estaba activo el don de profecía y los profetas eran los fieles colaboradores de los apóstoles y sus ayudantes más próximos, “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas” (Efe. 2:20; 4:11). Pedro no se refiere a ellos aquí, porque la misión de estos consistía en interpretar y aplicar las enseñanzas de los apóstoles (1 Co.14:24, 25). Pedro es un apóstol y no necesita de ellos para autentificar el mensaje de Jesús.

Podemos decir entonces que el mensaje de todos aquellos profetas colaboradores de los apóstoles es el mismo que tenemos concentrado y seguro en todo el N.T., y al que se refiere Pedro es el de los profetas del A.T., y de un modo o de otro podemos afirmar que la profecía inspirada por Dios es la que tenemos escrita en ambos Testamentos y que ahora puede ser lícitamente llamado “profeta” el que interpreta y aplica el mensaje del Señor, el que en nombre de Dios con la autoridad de la Escritura en sus labios, y su autoridad es dependiente de la fidelidad y apego que muestra hacia ella. 
No el que adivina el futuro o el pasado de alguien. Hoy los “profetas” son los que revelan el corazón de los que los escuchan y predicen el futuro de las almas sobre la base de las doctrinas reveladas en las Escrituras. Si Dios concedió el don de profecía a su iglesia cuando solamente eran 12 los apóstoles y no existía el N.T. para un mundo ampliamente necesitado, si actualmente el N.T. ya recoge todo lo necesario para la salvación y no necesita su autoridad ser autentificada por revelaciones extras, si es suficiente para la edificación de la iglesia, ¿qué necesidad habría de una asistencia extra?
 
Aceptar que Dios levante profetas como aquellos, ¿no es retroceder hasta el punto inicial de la historia? Ya la iglesia está edificada sobre la doctrina de los apóstoles y profetas, ¿para qué necesitamos más material de edificación? ¿Harán faltas enseñanzas nuevas? La iglesia no tiene necesidad de ellos y admitirlos es equivalente a subestimar el N.T. ¿Y no abriría la puerta de la iglesia a hombres y mujeres arrogantes de todas las clases para que nos pidan que tengamos como palabras de Dios sus propias visiones, sueños, discursos, o invenciones? ¿No es eso compartir la confianza y el respeto que tenemos al N.T. con hombres y mujeres actuales? ¿Quién asegura que el diablo no les haya hablado? Los profetas auténticos hoy son los leales expositores de la Biblia.