viernes, 17 de enero de 2014

Simplona franqueza de verter todo lo que se tiene dentro


Job 7:6-21
“Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma”.

Job habla con Dios sobre la brevedad de su vida para que él se la cambie (vv.11-21). Uno esperaría una oración corta pero no es así; nota que es una gran queja y argumenta largamente con Aquel que puede cambiar su situación. ¿Pueden los hombres devolverles los hijos muertos, la fortuna y la salud perdidas? Esta oración parece tomada de su diario y leída a sus amigos o recitada en versos delante de ellos, o incluida posteriormente cuando editó su libro. Aquí admite lo que niega a sus amigos: que es pecador y afirma lo que a ellos no les acepta: que sus desgracias están conectadas a sus iniquidades (v.21).

¿Qué es eso de formar grupitos cristianos y verter como aguas todo lo que traen dentro? ¿No esconde esa simplona franqueza las larvas de la carne y lascivia? ¿No promueve una enfermiza curiosidad? ¿No elimina esa confraternidad los necesarios alientos de inspiración del buen modelo? ¿Cómo puede inspirarnos una vida que vemos y palpamos que es tan tierra como la nuestra? ¿No le da eso asco? ¿No es como un rodeo de regreso a la “confesión auricular” que se le hace a los curas católicos? ¿No sería mejor meditaciones bíblicas, alabanzas y oración?  No veo ningún resultado, a no ser siquiátrico, sentarse dentro de un grupo, sin lágrimas  en los ojos, o haciendo pucheros y gimoteando, y enseñarles los trapos de inmundicias a los demás.  Santiago no aconseja que se haga eso, él se refiere a que si alguien peca contra otro, confiese el pecado a ese otro, no a otros, que quieren enterarse (Sgo. 5:16).

No tenemos que ser tan francos con los curiosos como lo somos con Dios. El necio es a quien le gusta enseñar todo lo que hay dentro de su corazón y las intimidades familiares, y hasta pondría  una cámara de video en su hogar y la instalaría en youtub para ser el centro de atención de todo el mundo, vean lo que vean (Pro.18:2). Job no hizo eso, les dijo a sus impertinentes visitantes muchísimo menos de lo que le dijo a Jehová. Y los dejó con las ganas.