sábado, 25 de enero de 2014

Preparado para la insistencia, el éxito le tomará diez etapas

Éxodo 4:1-9
“Y sucederá que si no te creen ni te escuchan a la primera señal, te creerán a la segunda señal. Y sucederá que si no te creen a estas dos señales ni escuchan tu voz, tomarás agua del Nilo y la derramarás en tierra seca. El agua que tomarás del Nilo se convertirá en sangre sobre la tierra seca”.

El Señor le advierte la posibilidad que una primera lección fuera insuficiente y no tan poderosa como para que ellos la aceptaran. No por insuficiencia en la calidad de lo que se les dijera o vieran sino en la cantidad, porque desde el origen de la humanidad la incredulidad tomó cautivo el centro de la personalidad humana y todos sus accesorios. Especialmente los sentidos. Quizás por eso nuestro Señor reunió a más de quinientos testigos para que le vieran resucitado y ascender al cielo, tal vez por eso estuvo cuarenta días con ellos, les apareció muchas veces y los invitó a usar todos los sentidos, incluyendo el tacto, para que creyesen y no fueran incrédulos (Jn.20:27). 

Por eso dejó que preservaran un poco de maná en una urna dentro del arca, la vara de Aarón que floreció y Cristo que recogieran las doce cestas de pan, porque conocía la debilidad de los sentidos humanos para creer. El Señor sabía lo que pasaría, mas se lo dice así para que se vaya preparando para la insistencia, ya que el éxito le tomará diez etapas. No son nuestros sermones deficientes en calidad sino que hay que predicar más, ciento veinte años antes que el agua, como un diluvio, desborde la ciudad (Ro.15:19-21). Insiste Moisés, Pedro, Jacobo, Juan, Andrés,  tú y yo.