sábado, 4 de enero de 2014

Es un hombre, no un dios anciano


Génesis 12: 2,3
“Vete de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre...". 

Y de la tierra que te vio nacer e irás a otra donde no creciste ni te educase y donde su cultura es completamente distinta y opuesta a la tuya; sin embargo cuenta con mi bendición y precisamente en ese sitio es donde yo te haré "grande", y en esa tierra de extraños te "bendeciré" y engrandeceré tu nombre; y tendrás tantas bendiciones que tendrás que compartirlas con otros; y en el trato que otros tengan contigo bien los bendeciré o los maldeciré, estaré muy atento a cómo te reciben, como otros sonríen, cómo se comportan contigo estando presente o ausente, mis ojos estarán fijos en el corazón de ellos y los juzgaré si maquinan contra ti y sin tú saberlo los maldeciré y sin que tú pronuncies alguna maldición en contra de los mismos; y por tu corto tiempo en este mundo no podrás ser testigo de hasta dónde llegará tu influencia pero hasta lo más recóndito del globo de un modo o de otro llegará la bendición que yo te daré, o mejor dicho la bendición que daré al mundo a través de ti y no quedará un padre, una madre, un hijo, un pariente, que rose lo que yo te daré a ti que no salga bendecido, tanto con las promesas que te entrego para ti y la posteridad como la educación monoteísta y teológica que te iré impartiendo, y tu vida sencilla tendrá una trascendencia inimaginable".

Y toda esa bendición ¡Dios mío cuando ya peinaba canas! Abram no emigra por razones económicas porque ya había “acumulado”  bienes y  “riquezas” (v. 5), y tenía esclavos. Cuando Dios le pide que emigre no es un joven pues tiene 75 años (v.4), una edad cuando ya uno piensa que no le queda futuro sino ordenarlo todo para enfrentar las limitaciones físicas que se avecinan y la muerte. Pero Dios tenía un plan con él a esa edad llamada hoy “la tercera edad”. Fue en ese momento cuando el Señor quiso llamarlo. ¿Vamos a discutir con Dios, y deplorar que más sueños sobre el futuro teníamos cuando éramos novatos, y que decida siendo viejísimos expandir nuestras bendiciones? ¿No llamó a Moisés a los 80?  Y ser de bendición es vivir yendo de un lugar a otro emitiendo la gloria de Dios, no con la que se coronan los hombres, sino la luz que procede de Dios, la que sale de las páginas de la Biblia, de una ética santa, de una vida de oración y de esperanza, que si los cananeos se acercaran para verla, de asombro se quedarían pasmados, pensando que contemplaban un dios anciano.