viernes, 24 de enero de 2014

Moisés, el marido caballeroso

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Éxodo 2:14-22
“Y al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían, y dijo al culpable: ¿Por qué golpeas a tu compañero?”. 
 Era un hombre con un gran sentido de justicia; quizás nunca le pesó lo que hizo al egipcio ni cómo trató de apaciguar a los dos israelitas, aunque sabía que había sido nútil. Todos hemos hecho cosas bien hechas que han sido inútiles, pero no por eso nos pesa haberlas hecho ni hemos renunciado a seguir haciéndolas. Uno puede seguir hacia su futuro dejando atrás muchas decepciones y malos recuerdos.

Moisés era un poderoso en Egipto y no era fácil conspirar contra él sin que se enterara. Y eso fue lo que ocurrió. Le dieron aviso y le dio tiempo para huir. Huyó a Madián donde se casó con la hija de un sacerdote, que estando relacionado en su origen con el pueblo de Israel, sería un sacerdote de Jehová como Melquisedec. La palabra también indica príncipe. Moisés nunca se hubiera casado con una mujer que no fuera temerosa de Dios, aunque no entendiera a plenitud todas las enseñanzas del Señor. Por ejemplo la circuncisión.

Mira dónde Moisés halló su esposa; no era egipcia ni israelita sino madianita. Sobre esa unión no se sabe mucho; no la escogió pensando en su liderazgo porque eso le parecía que ya no lo tendría, la nacionalidad de Séfora es como una protesta amarga contra los suyos y contra los egipcios; pero en su frustración necesita una mujer humilde, una ayuda. Es interesante cómo la conoció. Por ser humano y caballeroso con ellas y haberlas defendido de los pastores. Esas cualidades unidas al valor le hicieron pensar al padre de las muchachas que podía tenerlo como huésped en su casa, empleado, y quizás marido de una de sus hijas. Y así fue. Tal vez este es uno de los episodios menos comentados sobre la vida de Moisés y sin embargo es uno de los más bellos. El Moisés de la Ley y del monte Sinaí parece otro, sin embargo no es otro, es el mismo en cierne, con un humilde comienzo. No estaba esperando una gran oportunidad sino que estaba dispuesto para toda buena obra, aunque fuera defender a un grupo de mujeres y sacarles agua de un pozo.