viernes, 10 de enero de 2014

El derecho y deber de trabajar


Génesis 31:38-42
“Estaba yo que de día el calor me consumía y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos. Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham, y temor de Isaac, no hubiera estado conmigo, ciertamente me hubieras enviado ahora con las manos vacías. Pero Dios ha visto mi aflicción y la labor de mis manos, y anoche hizo justicia”.

“El trabajo no mata a nadie”, suele decirse. Jacob obtuvo riqueza porque trabajó muchos años seguidos y sin mencionar reposo. No sólo trabajó sino que con honradez. Si una fiera se comía alguna oveja él la pagaba, si se accidentaba o perdía, era su responsabilidad y abonaba el precio por ello. Además, confiaba en la providencia de Dios, en su continua bendición de modo que no necesitaba enriquecerse con trampas, engaños, o robando. Aunque puso las varas delante de las ovejas cuando parían, no fue su superstición lo que le trajo prosperidad sino la providencia del Señor sobre sus labores.

Todo lo que tuvo lo consiguió con trabajo. Génesis es un libro que habla del origen de todo, y desde el principio de la humanidad uno lee esa palabra, trabajo. Dios trabajó haciendo el mundo e hizo a Adán para que trabajara en el paraíso (Ge.2:15).  El hombre trabajador complace a Dios. Dios es trabajador y Jesús fue muy trabajador, de modo que algunas veces no tenía tiempo ni para comer (Mr.6:31) y le llamaban por su oficio de trabajador, “carpintero” (Mt.13:55). Y el apóstol  Pablo le enseñó las manos a los corintios y les dijo que las había usado para sostenerse económicamente él y ayudar a otros (Hch.20:33-35).  No hay que esperar que el gobierno nos ayude si estamos sanos; y si trabajo no hubiere queda como opción la emigración.

Dios ama al hombre que está siempre ocupado, Dios amaba a Jacob. Y Jacob prosperó en medio de la envidia y de los pecados de los demás. No veo alguna otra cosa que haga más hombre al hombre que su trabajo, exceptuando su relación con la Deidad. El que trabaja crea, produce, se multiplica, ayuda a su prójimo y mejora el mundo, el trabajo nos hace parecidos a Dios, por eso el trabajo que hagamos sea hecho como delante de sus ojos y no de los hombres, es decir para la gloria de él, bien. Cuando el Señor provee trabajo nos da el pan de cada día, cumplimos nuestros compromisos, pagamos las deudas porque dejar de hacerlo es pecado (Sal.37:21), y le damos a Dios gracias por ambos. El trabajo es un derecho que tiene todo ciudadano y un deber creado por Dios.