lunes, 1 de octubre de 2012

Gracias por su visita pastor, no vuelva más


Un día muy lejano fuimos a la B.B.CH. Escuché lo que el pastor dijo y cómo lo dijo. Sus ansias fueron mis ansias, sus batallas las mías. Trabaja y vive en un mundo que yo exactamente conozco. Mis hijos oirán de ahora en adelante a un buen predicador; a un pastor entrenado; un veterano colmado con la palabra de Dios y con experiencia. Una combinación que no tiene precio en esta tierra. El templo estaba más lleno que los domingos anteriores, supongo que debido a la proximidad del Día de Acción de Gracias. El pastor se veía ocupado y feliz.

Casi todo el tiempo estaba lejos de nosotros y me di cuenta que mostraba más interés en mis jóvenes hijos que en nosotros. Me preguntaba si sería porque nos vamos de este estado y ellos se quedan, o porque ellos necesitan más atención de la iglesia que mi esposa y yo. Generalmente los pastores no muestran mucho interés en ministros visitantes que suponen o saben que fueron derrotados que andan dando tumbos y deambulando buscando dónde recomenzar; no agradecen mucho sus visitas, y les tienen miedo como un potencial problema. Dan gracias a Dios si no vienen más y dejan el rebaño en paz. Sin embargo ¡Dios Santo!, ninguna oveja necesita tan pronto auxilio como un pastor herido; no hay en el mundo heridas más profundas que las que les hacen las iglesias a sus pastores. Algunas veces es lo contrario.

Y por destino marcado quizás, o inexplicables circunstancias, suelen ir a una iglesia buscando consuelo ministerial y sanidad vocacional pero sus compañeros, si no son viejos amigos, temen curarlos y los dejan que se sanen solos, y con indiferencia casi son exhortados a que no vuelvan, propinándoles un desconfiado saludo que les da a entender que no hacen falta allí, algo así como "no vuelva pastor, y gracias por su visita".