lunes, 22 de octubre de 2012

Pastores importantes y a la vez desconocidos


Un siervo de Dios puede ser instalado como pastor de una iglesia. 0ficialmente es su pastor. Se le conoce en el área como su pastor. La congregación le llama pastor. Sin embargo al principio es más su predicador y maestro que su pastor (1Ti. 2:7; 2Ti. 1:11). No es apóstol, pero sí  desempeña esos dos oficios. El honor de ser pastor de los nuevos convertidos, será cuando ya Cristo sea formado en la vida de ellos, y les cuide la salvación.

Es un título que uno se gana ¿no? El término pastor en las trece epístolas de Pablo sólo aparece una vez en Efe. 4:11 y no se refiere a sí mismo. La designación de obispo aparece una vez en 1Ti.3:2 y en Tit.1:7, o sea en las pastorales y únicamente una mención en Flp.1:1. En los cuatro evangelios el término pastor sólo se aplica a Jesús y en plural a los que cuidaban el ganado en Belén. En los evangelios no aparece la palabra obispo y en el resto del NT sólo en Hch.20:28 y 1Pe.2:25. Muy pocas veces ¿no me parece? ¿Será porque no somos importantes? No es eso. ¿O porque la mayoría de nosotros trabajamos de forma casi anónima y ocupamos nuestro puesto casi silenciosos?

Quizás la no exuberante mención de nombres y pastores en el NT sea porque no es el honor de muchos. O pudiera deberse a que esos oficios no son tan tempranos en la iglesia y se desarrollaron cuando ella creció y los apóstoles fueron yéndose. De todas maneras aunque sean numerosos y aflore su existencia sólo de cuando en cuando en el NT, también indica que  podemos o pudiéramos ser muy importantes y a la vez desconocidos. Somos importantes para Dios, como desconocidos por el mundo y muy conocidos por el Señor (2 Co. 6:9). Nuestra misión es trabajar y trabajar y ser fieles y glorificar a Dios en lo poco o en lo mucho. Y la mayoría de nosotros estamos como el joven David, a cargo de un pequeño redil (1 Sa. 17:28). Y es obvio porque ¡no tenemos talentos para más! ¡Allá esos benditos, otros pastores y predicadores que son más virtuosos  que nosotros y Dios los ha privilegiado con capacidades para llevar sobre sus corazones los nombres de grandes congregaciones! Si para Dios somos muy importantes porque somos fieles en lo poco ¿qué más da la falta de humana popularidad?