viernes, 5 de octubre de 2012

Abuso infantil


Estoy leyendo el libro Cultural Shift (cambio cultural) de Al. Mohler. Su percepción de cómo van las cosas con la Corte Suprema y la educación de los niños en Estados Unidos, arranca de mi pecho un gemido. ¡Ay Señor, por qué Señor si eso es contrario a nuestra constitución! Esto es lo que dice el juez Stephen Reinhardt “ no existen los derechos fundamentales de los padres para ser los exclusivos proveedores de información sexual para sus hijos, ya sea en relación con su derecho independiente para criarlos y educarlos.

“Recuerde que los niños en cuestión tienen apenas cinco años. A los padres en California se les dijo tajantemente que no tienen ningún derecho fundamental para ser los educadores exclusivos de sus hijos en materia sexual. Por supuesto que a los ojos de muchos padres esta afirmación consiste nada menos que en un equivalente de lo que es abuso infantil. Llevados por una agenda secularista e influenciada por una élite radical de burócratas y teóricos, las escuelas del gobierno ahora sirven como motores para la secularización y radicalización de los niños" (página 56,57).

Ante esa amenaza se requiere un contraataque diario doméstico, sin que pase un solo día cuando los padres se informen de modo verbal y por los libros lo que se les ha enseñado, neutralizando de ese modo la influencia escolar y cimentando desde temprana edad los fundamentos de los hijos, dándoles ya la convicción que la fe y los principios cristianos tienen muchos enemigos y han de vivirse como un desafío sin importar el poder de la cultura, su popularidad y número. De todos modos siempre el cristianismo desafía la cultura y si el que lo enseña en casa no lo hace, es que no está enseñando bien.

Por otra parte hay padres que escogen la alternativa de enseñar a sus hijos, porque hay programas disponibles que permiten hacerlo y reciben por parte de la academia la certificación. Si se opta por eso los niños quedan fuera del alcance de maestros seculares, liberales y amorales, aunque crecerán un poco descontextualizados, sin oposición ideológica, y madurarán sin haber combatido a una cultura hostil dentro de la cual tendrán que vivir. Mis hijos fueron criados según la primera opción, no los sacamos del mundo pero los enseñamos a vencer al mundo y a no amar el mundo, y ya adultos conocen la fragilidad de la oposición anti cristiana y se han asegurado sobre la convicción que todo lo del evangelio es superior, y con ese sentimiento sin sentirse menos, sin rogar por alguna aceptación, con una mentalidad independiente, llegaron hasta la universidad y se graduaron. 

Hicieron fallar con nuestra colaboración, todo el programa gubernamental para deformarlos, y se dieron cuenta que el secularismo anticristiano es fuerte por la poderosa élite adinerada y corrupta que lo promueve pero que no hay que tenerle miedo porque la razón humana lavada por la palabra de Dios, la profunda instrucción bíblica y el protagonismo insustituible y único de la familia en la educación heterosexual. Es ella y no la escuela la que define lo que es un hombre y una mujer, un matrimonio, que hay solamente dos sexos, no tres, no el maestro o la maestra, que son intrusos y si aprovechan que les confiamos los niños para que en ciencia, arte o literatura los eduquen, y quieren convertirse en “proveedores de la educación sexual de ellos” sin nuestro consentimiento, podremos acusarlos de abuso infantil.