martes, 31 de marzo de 2015

Imagínate tu resurrección

                                                  Ezequiel 37.1-14
La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.  Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo. Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová”.

Esta visión es dada para alentar a Israel que se consideraba muerto y sin esperanza, destruido del todo (v. 11). El propósito principal de la visión es hacer que el pueblo tenga fe en la palabra de Dios y que confíe en que lo que se le ha prometido ocurrirá; habrá una resurrección, si es el caso que ellos se consideran muertos. Mientras la palabra va siendo pronunciada, Israel va resucitando; no “en un abrir y cerrar de ojos” sino poco a poco, pero hacia delante. En este texto, la visión de la resurrección no es lo principal como he dicho, sino la palabra profética, pero sin embargo, como sucede con otros asuntos, el Señor revela más de lo que la circunstancia requiere y se muestra “la esperanza” de Israel. No es casual que a veces en la Escritura Dios para levantar el ánimo de su pueblo le hable sobre la resurrección, para que los suyos, cambiando el sentido del enfoque de las cosas, las vean distintas. Cuando Pablo habla a los tesalonicenses entristecidos les menciona la resurrección “para que no os entristezcáis como los que no tienen esperanza” (1 Te. 4:15-18). La visión de Ezequiel es muy elocuente y sin duda por esa razón, para que el pueblo tan desanimado pueda imaginarse como tendrá lugar la resurrección, si es que de huesos secos ha de partir. Ellos se moverán, se organizarán en forma de esqueletos, vendrán los tendones, luego los nervios, la carne y por último el aliento de vida. Israel sólo necesitaba fe en el futuro para mirar lo que Dios le había prometido y esperar que ocurriera como él lo había dicho. Oh amado Señor, danos fe en tu palabra para esperar que nuestros huesos resuciten. ¿Nos destruirá la muerte para siempre? ¿Iremos, Señor, a nuestros sepulcros para jamás salir de ellos? ¿Nos consumirá la tierra, seremos disueltos en ella con carne y aliento como si jamás hubiéramos existido? ¿Nos haremos otra cosa, una flor, una raíz, nada, hedor, en un ciclo biológico sin fin? ¿Sólo seremos mutaciones y transformaciones, viviendo y reciclándonos en otras formas de vida sin llevar conciencia jamás de ninguna otra? Oh Señor, si los muertos no resucitan es vana nuestra fe, vana nuestra predicación, vano todo lo que hemos hecho y como hemos vivido; mejor fuera entonces que digamos: “comamos y bebamos que mañana moriremos” (1 Co. 15:32).  Es mejor entonces hacer todo lo que queramos, sin freno de ningún tipo, antes que nos hundamos en un mundo sin placeres ni sensaciones; vivir para nosotros mismos y no para ningún otro ni para nada. 

Sin resurrección, ¿no serían ridículas las virtudes, tontos los heroísmos, debilidad los sentimientos humanos, locuras los derechos, vanidad de vanidad? Si no hay resurrección el concepto del bien y del mal es una creación humana, una invención hecha por conveniencia para defendernos los unos de los otros. Oh Señor Jesús, danos fe en tu palabra para creer que tú eres la resurrección y la vida, que el que haya muerto en ti resucitará, que nuestros huesos se reunirán de nuevo, que tendremos tendones, nervios, carne y hálito, que podremos recuperar lo que la muerte nos quite. Fe en tu palabra para que ya sea en mil años o mil millones, volveremos a ver este planeta y a contemplar tus renovadas y purificadas por el fuego, hermosuras (hp). Amén.