sábado, 5 de abril de 2014

Que no les caigamos bien a todos es un plan sabio concebido por Dios



1Samuel 29: 6
“Y Aquis llamó a David y le dijo: Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada en el campamento conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí hasta hoy; mas a los ojos de los príncipes no agradas”. 

“Vive Jehová que tú has sido recto”. Si David no agradaba a todos siendo perfectos sus caminos ante Dios, si algunos hombres lo tenían “como un ángel de Dios” (v.9), ¿piensas que tú lo harás? Si el Señor Jesucristo mismo tuvo que sufrir “tal contradicción de pecadores” y siendo el Maestro lo llamaron “Beelzebub”, ¿a ti y a mí no? Fíjate que a quienes no les cae bien son los adversarios de Dios no a los santos del Altísimo. Quiere decir que es natural y comprensible que así suceda, que los que no aman a Dios tampoco amen a los hijos suyos, que los que aborrecen las virtudes del Señor también detesten a los que las tienen. La gente carnal no ama a la espiritual, las tinieblas no se fascinan con la luz, más bien huyen de ella. ¿Llorarás porque no agradas a los adversarios de tu Amo Celestial? ¿Es que te amas tanto a ti mismo que te consideras ofendido porque los filisteos no te amen? ¿Qué tristeza es esa porque los filisteos te aborrecen?  Oh no, alma, sobreponte a ti misma, echa tu tristeza y preocupación a un lado que los que creen en Jesús y predican el evangelio no deben buscar agradar a los hombres porque no serían siervos de Cristo.  

 Puedes estar seguro que el hecho de que no les caigamos bien a todos es un plan sabio concebido por Dios. Son convenientes tantos nuestros amigos como los que no nos aman, los que le caemos bien como los que les caemos mal. Imagínate la desgracia tan grande que le hubiera caído encima a David si hubiera agradado a aquellos príncipes filisteos que se oponían a que los acompañara a la guerra contra Israel; el buen santo se hubiera visto en un gran aprieto teniendo que pelear contra sus propios hermanos y ayudar a derrotar y debilitar el reino de Dios. No, si hubiera sido amigo de aquellos príncipes habría tenido que luchar contra su propio futuro, contra su propio bienestar, contribuir con sus manos a la ruina de su carrera. Pero Dios que es sabio, por medio de aquella mala opinión que los príncipes tenían de él lo puso afuera alejándolo de cometer semejante crimen. No te preocupes de la mala opinión de la gente, si “dicen toda clase de mal contra ti mintiendo” (Mt. 5:11); de la lengua engañosa y del labio mentiroso, que sobre todos reina Dios; y son tan provechosas a tu carrera como aquellas que te bendicen y colaboran contigo. Hacen falta que hayan malas opiniones.