sábado, 12 de abril de 2014

No cierres tus ojos sin haberte muerto



2Reyes 3:18-20
Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; entregará también a los moabitas en vuestras manos”. Y esto es cosa ligera a los ojos de Jehová.  Aconteció, pues, que por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio, he aquí vinieron aguas por el camino de Edom, y la tierra se llenó de aguas” (Mr. 10:27; Luc. 1:37). 

No pienses que Dios ya ha obrado lo máximo que puede hacer porque, cosas mayores verás; ninguna bendición es final, él es capaz de hacer más de lo que hizo. Tú dices "las decisiones más importantes de mi vida ya las he hecho, sólo me queda continuar cómo estoy y poseer lo que poseo, nada extraordinario me depara el futuro, he acabado mi carrera, no puedo empezar cosas mejores, no puedo exceder a mi pasado. El plan de Dios conmigo en este mundo está terminado". Te equivocas, mientras tengas fe y deseos de servir al Señor lo que has recibido es poco en relación con lo que pudieras recibir. No cierres tus ojos sin haberte muerto porque verás cosas mayores (Jn. 1:50; Flp. 1:23-26). ¿No tienes tan vivos deseos de servirle como otrora, inclusive, ahora con más emoción y celo? Si el Espíritu no te ha dado deseos de descansar ¿por qué dices que tu vida y utilidad declinan?

“A la hora del sacrificio” que tenía lugar en Jerusalén, “por el camino de Edom”; no desde el cielo sino de la tierra, desde las montañas hasta el lugar de ellos, así las trajo Dios, aquellas aguas. Desde Edom, por donde menos ellos lo esperaban, de quienes ni imaginaban que serían surtidos. Así nos ayuda Dios por caminos inesperados y por donde no estamos mirando.