domingo, 20 de abril de 2014

Juan dijo, no me lo van a creer pero fue así


Juan 19:31-37
31 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. 32 Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. 33 Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. 34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. 35 Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. 36 Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. 37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron”.

Miremos lo que pasó con los mazos de tortura. Si los soldados estaban resueltos a quebrar las piernas a Jesús, se quedaron con las ganas porque cuando llegaron donde estaba su cuerpo ya no hacía falta completar el suplicio, el joven había muerto. Jesús permitió la cantidad de suplicio que quiso le dieran. Eso de quebrarle los huesos de las piernas era tenido como "un tiro de gracia", que aceleraba la muerte del condenado. Como Jesús demostró tener dominio sobre su vida y su muerte, no dejó este último suceso en manos de los romanos sino que expiró en el momento que consideró apropiado, después de haber consumado su obra de salvación. Cuando ellos llegaron se sorprendieron de la celeridad con que había muerto, y que eso les ahorraba el trabajo, tal vez el placer, de ensañarse por última vez de su cuerpo. Esto no fue una iniciativa de los soldados sino que cumpliendo las órdenes de Pilato, que había sido rogado por los judíos que hiciera tal cosa, fue que ellos, mazos en mano, subieron para hacer su trabajo. Pero no lo consumaron, como había dicho la profecía que ningún hueso suyo, en especial de sus pies, sería roto, también como evidencia que sin cojear como Jacob, descoyuntado su muslo, habría de hallarse donde estuviéramos. Llegar hasta nosotros, no sólo volando sino andando en nuestros tristes caminos de Emaús. Fueron los pies de Jesús los que besaba muy agradecida por ellos, María, recordado que había entrado a su hogar y vida (Luc.7:38).

El apuro tenía que ver con la fiesta de la pascua, y tres cuerpos muertos comunes, sin que hicieran diferencia entre ellos. Era viernes a las tres de la tarde y estaba a punto de comenzar el sábado, en tres horas más. Y según los ritos de la ley el colgado en madero debía ser bajado antes de la noche (Deu. 21:22,23). El sábado resultaba ser de mucha solemnidad precisamente por eso, por la víspera de la pascua; y quien estuviera inmundo no podría comerla. Aquella pascua también la había comido Jesús unas horas antes, el viernes, y le había dicho a los discípulos que sería la última antes que se diera inicio a la santa cena cristiana, cuando les dijo "este es mi cuerpo que por vosotros es partido, esta es mi sangre que por vosotros se derrama".  Aquella última pascua fue el fin del rito. De cierto, ahora "él es la pascua" (1 Co. 5:7; Ex. 12:8-19), cuya sangre sobre los dinteles y las vidas de nuestros hogares, nos libra del ángel de la muerte. Es la única protección de nuestra familia. Por ella seremos salvos. Dondequiera que el ángel de la justicia de Dios mira la sangre de Cristo, pasa de largo.

Llegamos a lo que Juan no quiere que crean que es mentira. Cuando el discípulo amado vio que habían  hincado el costado de Jesús con una lanza, sus entrañas se conmovieron pensando que sobre ese sitio se había recostado él muchas veces. El dolor dio paso al asombro cuando de la grieta comenzó a brotar agua mezclada con sangre, señal de que el pericardio fue roto y después el corazón. Sin que hallara en ambas algún simbolismo doctrinal. Un médico y cualquier otro testigo ocular, hubieran esperado ver sólo sangre, pero no esas dos cosas. Mas los doctores de ahora le pudieran explicar a Juan la procedencia natural de ambas, que aquel discípulo consideró como extraño el asunto, y pensó que cuando lo dijera no le darían crédito, y es por eso que sin que alguien todavía lo desmintiera se adelanta para afirmar que no son cuentos suyos sino que lo que pasó, “sucedió como lo digo, sin que esté inventado alguna mentira”. Escribió como si dijera, “no me lo van a creer pero fue así", porque siempre hay quien ponga en duda que el Verbo se hizo hombre, que el que lo veía fue como si viera al Dios que nunca se ha visto, y que resucitó de entre los muertos a pesar que con un millón de mentiras y dinero quisieron tapar el asunto. Juan dijo, “no lo creerán pero es así”.