domingo, 20 de abril de 2014

Los difíciles de convencer


Juan  20:25
"Entonces los otros discípulos le decían: ¡Hemos visto al Señor! Pero él les dijo: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creeré".

Predispuesto a no creer. No dijo: "Si hago todo eso creeré porque quiero creer, ojalá el Señor me de evidencias para creer; lucho con mi carácter para creer, batallo contra mi incredulidad y no puedo vencerla". Por más que a una persona se le den pruebas de la resurrección si de antemano ha decidido no creer no creerá, quiere seguir siendo incrédulo. Tomás no quería seguir siendo incrédulo pero es alguien difícil de convencer. No digas "yo nunca tendré fe". Solicita evidencias, búscalas y las hallarás. En muchos la incredulidad suele ser más un deseo de incredulidad que incredulidad misma; más ganas de no creer que de creer; sólo la incredulidad en los santos no tiene como raíz el deseo de sustentarla sino la agonía de la impotencia de no poder matarla.