martes, 19 de noviembre de 2013

Los seguidores de Recab y de la ley seca


Jeremías 35:5-10; 18,19
Y puse delante de los hijos de la familia de los recabitas tazas y copas llenas de vino, y les dije: Bebed vino. Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos;  ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la retendréis; sino que moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la faz de la tierra donde vosotros habitáis. Y nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab hijo de Recab en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos ni nuestras hijas; y de no edificar casas para nuestra morada, y de no tener viña, ni heredad, ni sementera.  Moramos, pues, en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre. Y dijo Jeremías a la familia de los recabitas: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Por cuanto obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis conforme a todas las cosas que os mandó; por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará de Jonadab hijo de Recab un varón que esté en mi presencia todos los días”.

Estos comentarios míos no son para hacer volver al vino a quien lo dejó y que no le conviene exponerse otra vez a la tentación sino sólo una pequeña defensa a la Sola Scriptura en materia de fe.

Recab concibió un estilo de vida para su familia y ella lo siguió al pie de la letra. Fíjate que los mandamientos que le dio no invalidaban los de Dios, que no bebieran vino, sino para que según él, fuera de provecho para vivir muchos años, muy apropiados para la longevidad. No eran mandamientos religiosos sino apropiados para la familia, una filosofía para la vida. Por la obediencia de los recabitas a las enseñanzas de los padres, el Señor les hizo la promesa que siempre alguno de ellos estaría en su presencia. Esas son las tradiciones familiares que no hay que romper porque no afectan el seguir a Dios (Ef. 6:1-3); sin embargo, cuando vinieron a conocer al Señor aprendieron que esas cosas no tienen valor alguno contra el pecado (Col. 2:23).

Si alguien no quiere beber vino que no lo beba, si ha sufrido con el alcoholismo, pero mire si eso se lo dijo Recab o la Southern Baptist Convention, acordado después de la “ley seca” en USA, pero no se lo imponga como cristianismo a las iglesias, y  al resto de los habitantes de Jerusalén o de América.

Siempre es mucho más fácil obedecer un mandamiento de hombre, “no comas, no gustes, nos bebas, no manejes” que un mandamiento de Dios. Es más fácil alargar las “filacterias” de la ropa que vestirse del Señor Jesucristo, “santo, amado y de entrañable misericordia”; es más fácil decir “esto es corbán o mi ofrenda a Dios” y no hacer nada por un allegado que no tiene dinero para celebrar la Navidad. Es mucho más fácil no beber vino que no mentir, criticar, envidiar lo que otro tiene y codiciar la casa, el auto o el cónyuge ajeno. Es más fácil  ser un buen hijo de papá o mamá que ser un obediente hijo de Dios. Sea flexible en cosas secundarias que no se imponen para ver al Señor Jesucristo. Cierto es que “el vino es escarnecedor y la sidra alborotadora y cualquiera que por ellos yerra no es sabio (Prov.20:1; Lev.10:9; Deu.14:26; Isa.28:7). Sidra quiere decir bebida fuerte o cerveza.

Le repito, no beba zumo de uvas si no quiere pero no diga que es abstemio porque es cristiano, sino porque es recabita o fundamentalista, y no le cause molestias a los que regresan de las bodas de Caná, alegres de corazón, sin dar tropezones, y les invitan a sus mesas donde prescripto por Pablo y el doctor Lucas beben un poco de vino, junto con los ancianos de Éfeso, por causa de sus enfermedades del estómago o de la grasa que están comiendo.