viernes, 15 de noviembre de 2013

La alianza entre teólogos y pastores


Jeremías 5:30,31
 Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra;  los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?”.

La alianza perversa entre profetas y sacerdotes corruptos, la catastrófica unión entre los que representaban la voz divina y los que la ejecutaban dentro de la religión, en las ceremonias de salvación; cosas fea era esa, o más bien, terrible. Los profetas, que eran los teólogos de ese momento debían haber provisto una teología sana para la iglesia, pero lo que hicieron fue negociar la palabra de Dios para hacer firme el engaño de las multitudes por medio de los sacerdotes. Y ¿qué decían aquellos profetas? Les decían al pueblo que no se preocuparan por las consecuencias de sus pecados que todo iría bien, no saldrían cautivos a Babilonia y seguirían prosperando. Eran mentiras. Y los sacerdotes o príncipes les creían y seguían, y oficiaban con lo que les decían la supuesta voz de Dios y transmitían al pueblo una falsa seguridad por la cual vivían sin preocupaciones espirituales de ningún tipo, haciéndole ningún caso a los auténticos profetas, que de mal gusto para ellos, les pronosticaban un irreparable derrumbe. La gente ni pensaba en castigos por el pecado porque la alianza entre teólogos y pastores les borraban de la mente cualquier inquietud. Se separaban de la ley de Dios, no les importaba leerla ni oírla porque sermones mejores, positivos y optimistas escuchaban en los púlpitos de los secuestrados por sus ambiciones de gloria y dinero, les decían lo que ellos querían oír. Ahí lo dice bien claro el texto “y el pueblo así lo quiso”.

David Wells en dice en su libro El Coraje de ser Protestante: “Evangélicos que viven ‘sola cultura’ y creen que es sola scriptura” (pag. 4). “Christianity Today, no se dirige por una convicción teológica sino por los aires de los tiempos” (pags.6,8). Hablando sobre los cambios que han ocurrido dentro del mundo cristiano, dice:“…estos cambios nunca hubieran ocurrido si hubieran pensando en términos doctrinales” (pag.11). La doctrina es lo único que garantiza que los cambios sean buenos.

“La iglesia se anuncia como un lugar donde usted encontrará ‘música alta’ y ‘servicios cortos’ con una “atmósfera relajada’ y a la vez quiere que creamos que nos está ofreciendo una ‘fe seria’” (pag.14). O sea, que la fe ha perdido su seriedad, ahora es jocosa, baila, se ríe, hace chistes, y ¡asómbrese!, “salva”. ¡Ay de los teólogos vendidos a los pecados de la modernidad y del postmodernismo! Te han enseñado mal, has tenido maestros mentirosos que te han profetizado mentiras. ¿Te da igual ir a cualquier iglesia? ¿Cree, cómodamente, lo que quieras, a tu manera? Entonces ¿qué harás cuando llegue tu fin? ¿Cuándo tengas que ir al tribunal de Cristo? ¿De qué sirve tu teología a tu fe? ¿Acudirás a esos teólogos vendidos al postmodernismo para que defiendan tus creencias y vida? ¿Podrás evitar que Dios te juzgue?