jueves, 27 de marzo de 2014

Un ministro impostor



Jueces 18:3-6
“Cuando estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita; y llegando allá, le dijeron: ¿Quién te ha traído acá? y ¿qué haces aquí? y ¿qué tienes tú por aquí? El les respondió: De esta y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha tomado para que sea su sacerdote. Y ellos le dijeron: Pregunta, pues, ahora a Dios, para que sepamos si ha de prosperar este viaje que hacemos. Y el sacerdote les respondió: Id en paz; delante de Jehová está vuestro camino en que andáis”

Este es un ministro impostor. ¿Qué credulidad es esa, consultar como si fuera Dios a un ministro teológicamente incorrecto? Si tiene un altar con varios íconos en su casa, lo cual prohíbe la ley de Dios, ¿cómo crees tú que Dios hablará por medio suyo? Sigue su historia y verás que no es ministro por vocación sino porque buscaba un empleo (17:7-8). Era capaz de aceptar cualquier doctrina con tal de proveerse algún bocado, desechando la buena conciencia. Quizás dices, ¿es que no había nadie más? ¡Cómo no, en todas las épocas Dios no se ha dejado sin testigos! Sólo tienes que tratar de localizar alguno. Averigua por alguno primero, que hayas oído que es un ministro vocacional, que no lo es porque tiene ese empleo sino porque en verdad ama su ministerio, y servir de bendición de Dios para los hombres.

Segundo, entérate cuáles son sus doctrinas. Si afirma que es un sacerdote de Jehová, que pertenece a la tribu de Leví, pero adora, respeta o venera ídolos, como quieras llamarlo, no lo consultes, Dios está enojado con ese desobediente pues levanta imágenes en su casa, o en su iglesia, lo cual es pecado hacerlo (Ex. 20: 4); es idólatra y los idólatras no entrarán al reino de los cielos (Efe. 5: 5; Apc. 21: 8). Si un sacerdote está excluido él mismo del reino de los cielos; ¿cómo crees que podrás consultarle sobre tu futuro y podrá darte la buena palabra de Jehová? Y aun más, ¿cómo le contarás tus faltas, le desgranarás uno a uno tus pecadillos y le implorarás el perdón divino, porque contra él no has pecado, si él no está arrepentido de su idolatría? Si confías tu futuro en las manos de un ministro teológicamente equivocado serás como él y correrás su suerte. 

Preguntas, ¿es la doctrina importante? Claro que sí lo es. Si la doctrina no es correcta dará un falso testimonio de Dios. No importa cuán popular sea el ministro, como seguro que fue este levita que le identificaron por su voz, por su acento sacerdotal, si sus doctrinas son opuestas a la palabra de Dios, no debes consultarle como si fuera Dios.
Si sigues leyendo más abajo, 18:18-20, encontrarás que los de Dan le ofrecieron un trabajo más amplio, con más gente y mejor remuneración, y pronto aceptó, llevándose consigo sus íconos, como si fuera indispensable cargar con ellos para llevarse a Dios. Los ojos se le iluminaron al antiguo ministro ambicioso y se dispuso a desempeñar idolátricamente su oficio entre un grupo más numeroso, que no le importaba para nada la doctrina de su sacerdote con tal que, según ellos, fueran un representante de Jehová en medio del pueblo. Falso, por supuesto.