miércoles, 12 de marzo de 2014

Somos un incienso aromático a Dios


 2Corintios 2:12-17
“Para unos, olor de muerte para muerte, y para otros, olor de vida para vida. Y para estas cosas ¿quién está capacitado”.

No Señor, no hay nadie que por sí mismo sea competente para tener un ministerio de éxito. ¿Quién puede triunfar sin tu preciosa ayuda? Son muchos los desalientos, grande la oposición, espantosos los peligros, negras las desilusiones, tristes las privaciones, muchas las incomprensiones, abundantes los herejes, numerosos los falsos hermanos y falsos profetas, terrible la dureza del corazón, grande la incredulidad, abundante el materialismo, constante la oposición de Satanás, fieras las luchas contra la carne, constantes los ofrecimientos pecaminosos del mundo y los dardos de fuego del maligno. Y para triunfar sobre todo eso, ¿quién puede?
 Nosotros no imponemos el cristianismo con la espada y por la fuerza como los mahometanos a Mahoma; nuestra espada es la del Espíritu, la palabra de Dios, nuestra divisa es el amor y el perdón y el tema de nuestra predicación Cristo crucificado.

Nota que el ministerio de salvar almas es agradable al Señor. Que el conocimiento de Cristo es un olor suave, como perfume para Dios, y los hombres, oh Señor, queremos ser más olor de vida para vida que olor de muerte para muerte; pero, oh amado, siempre somos grato olor a Dios. Nuestros trabajos le agradan, nuestros esfuerzos suben a él como un perfume delicioso, ya sea que nuestro mensaje sea creído, ignorado o rechazado.

Pablo habla de que va constantemente en triunfo y sin embargo dice que su mensaje para unos es de muerte, no los salva. No habla de fracaso espiritual porque no crean su profético anuncio. ¿Fracaso? Ese término se sitúa en otro lado. Fracaso no es cuando un ministro es rechazado, no, fracaso es cuando ha pecado, cuando no es fiel, cuando se contamina con mujeres o con dinero, cuando anda con mentiras. Para Dios valemos tanto cuando recogemos almas como cuando las perdemos, cuando atamos y cuando desatamos, cuando abren sus corazones al mensaje y cuando los endurecen. ¿Por qué miras tal sermón como un fracaso? El ministro se entristece porque las almas no se salvan pero no mira el rechazo de ellas como un asunto de triunfo o derrota, siempre es triunfo. Un ministerio de fidelidad a la palabra de Dios no es un ministerio fracasado. Olor desagradable al Señor es el tráfico comercial con el evangelio de Cristo (v.17), cuando se planta un negocio alrededor del Señor y se vende a las almas aquello que se ha recibido por gracia; entonces se convierte su casa en un mercado. Somos en vida y ministerio un incienso aromático a Dios, independiente del resultado de nuestra labor.