miércoles, 23 de diciembre de 2015

Le sonreía a los publicanos y hablaba con respeto a las rameras

Lucas 2:6-8

"Y dio a luz a su hijo primogénito; le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón". 

Hacia el establo pueden mirar los ricos y los pobres, porque un Príncipe amado, anunciado por la Escritura yace envuelto en pañales, entre pajas en un pesebre. Era en el cielo muy rico, y voluntariamente mirando a los pobres dejó su gloria arriba y hecho semejante a los hombres se hizo pobre para que con su pobreza fuésemos enriquecidos (2Co.8: 9). No nació en una noble cuna ni perteneció a una familia distinguida en Israel; ni su ciudad fue una capital sino una aldea y su oficio carpintero. Se llamó Jesús. Sus mejores amigos eran los pobres y se inclinaba para salvar a los pecadores y desheredados del orden social; le sonreía a los publicanos y hablaba con respeto con las rameras; les echaba los demonios y las volvía castas, perdonándolas. A muchos enriqueció pero murió pobre y sin tumba propia. ¿Te ha hecho rica, oh alma, este Jesús pobre, en cuyo nacimiento tuvo un coro de ángeles cantando alegres? Ten por seguro que su vituperio es una riqueza mayor que los tesoros de los egipcios (He.11:26).