lunes, 18 de agosto de 2014

Un hombre, o una mujer, espejo de Jesucristo




Génesis 14:17-24
“Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.  Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.  Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram; excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte”.

 


Las palabras tienen la forma de una bendición y están escritas en forma poética, o como se habla bajo inspiración profética. Este es un pasaje misterioso y noble; yo supongo que Melquisedec tuvo contacto con Abram antes del combate y fue él quien le aseguró al patriarca que saldría triunfador en tal insólita y desventajosa guerra. Uno piensa que Abram era el único en el mundo que tenía la fe del Dios único y no era así, había también allí en los alrededores un hombre tan santo, espejo de Jesucristo dentro de aquellos cananitas (He. 6:20;7:1) y consagrado como él, que ejercía el sacerdocio separado de todos, desconocido, poco influyente e intrascendente, pero existente. Posiblemente en Jerusalén (Sal.76:2).  Aparece como caído del cielo, guardado por Dios para bendecir la iglesia en su mismo origen y proteger a su principal fundador. Y ¿por qué Dios no lo escogió a él, más cerca, con una mejor posición que a este desconocido pagano venido desde Ur de los caldeos? La pregunta hay que hacérsela a Dios, y él respondería “porque quiero”. Dios tiene planes con su pueblo y no es el mismo para cada uno. Melquisedec era superior, más adelantado en la fe, pero Dios escogió a otro. Bueno es que también nos miremos “a cara descubierta” en Jesucristo (2Co.3:18) y arreglemos nuestra imagen, nuestros ojos, boca, manos, pies, como los suyos, mirándonos en su espejo, y como dice Santiago, sin olvidarnos lo que éramos (Sgo.1:23,24).