miércoles, 13 de agosto de 2014

No lea este comentario si es muy sensible su bolsillo



Zacarías 11: 12, 13
"Y les dije: Si les parece bien, denme mi salario y si no, déjenlo; y pesaron por mi salario treinta piezas de plata".

Si la parte más sensible de su cuerpo es el bolsillo (bolsa, billetera) no lea este comentario. Quien lo escribe nunca ha pedido un salario por su trabajo sino lo que la iglesia ha estimado conveniente, y que él de buena gana lo ha recibido porque siempre ha deseado no ser carga para su rebaño. Ahora sigo sirviendo pero de gracia, sin sueldo.

Es como si el profeta quisiera decirles: “Tengo derecho a un salario, me pesa tener que hablarles de dinero, pero si no quieren, no me den nada”. En el texto el profeta por orden de Jehová le pide al pueblo que le paguen un salario por su pastoreo y ellos como lo subestiman le pagan el precio de un esclavo y dicen: ¿para qué más? ¿Acaso vale más? Hay una Biblia anotada que dice que en el código de Hammurabi ese era el salario por dos años y medio de trabajo de un jornalero. En la Escritura era el precio de un esclavo (Ex. 21: 32). Casa del alfarero no había en el templo.

Los trabajos de un pastor tienen gran valor y si lo hace bien nunca es demasiado, aunque él no pida aumento y esté conforme, como es su deber. En nada estoy de acuerdo con esos descomunales salarios que embaucando a los inocentes se han asignado algunos pillos predicadores, a los cuales no les importan el rebaño del Señor, que esquilman sin remordimientos. Antes me refería a los genuinos profetas de Dios que aman la iglesia más que a ellos mismos, casi como al mismo Dios.

Por otra parte, hay malos y carnales como estos que aquí el texto trata, que no le dan mucho valor a lo espiritual, ni tampoco al trabajo pastoral que se hace (con o sin defectos) para rescatarlos y reconciliarlos, ni a las visitas que de cuando en cuando les hace el mismo Señor para que sean salvos.  Y si pudieran juntar todos los sermones oídos, las visitas en casas, hospitales y cementerios, oraciones, consejos solicitados y gratuitos, estudios bíblicos, y los llantos acumulados en la redoma de su oficina o platicando con la que duerme a su lado, estimarían que no dejando ni un suspiro afuera, un buen sueldo sería un puñado de monedas que iguale al que menos gane en la iglesia. Pero toda esa profecía no queda lúcida hasta que a Judas Iscariote le paguen su salario.

También es verdad que hay pastores insensatos que no llevan esos aperos mencionados, y no merecen ni siquiera que se les pague con la dracma perdida. ¡Ay de aquellos infelices donde les caiga uno! A continuación el Señor habla de un "pastor insensato que no visitará las perdidas ni buscará la pequeña, ni curará la perniquebrada" (11: 15-17). Es un retrato de cierto pastor despreocupado  y holgazán que sólo piensa en quitarles lo que pueda a los hermanos. Es un castigo que les profetiza, dándoles malos pastores que ocupen los púlpitos que tenían los genuinos siervos. Así castiga Dios a las iglesias que desprecian sus buenos pastores, enviándoles auto nombrados apóstoles que los despojen, les empeñen las prendas que recogen en emotivas reuniones, que les quiten lo que tengan, y por añadidura los maltrate, les crispe los puños y los abofetee (2 Co. 11: 19-21).