lunes, 4 de agosto de 2014

Sueños y fantasías



Daniel 4:5
Vi un sueño que me espantó, y tendido en cama, las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron”.   

El sueño tiene que ver con que Nabucodonosor vio un árbol enorme y frondoso, nido de pájaros y cobija de animales,  que fue cortado de un golpe. El rey habló de los pensamientos de su cabeza y de visiones que tuvo. Las Biblias, LBLA y la NASB traducen en vez de pensamientos “fantasías” de la mente. Literalmente es “concepción de la mente”. Este sueño fue una revelación pero la mayoría de los nuestros son fantasías que no revelan ningún secreto de Dios sino de nosotros mismos, las cosas ocultas que guardamos dentro, que procuramos esconder o por lo menos que han pasado por ella y al cruzar han dejado algún rastro y al yo se le permite ir revisando todo lo que tuvo su entrada dentro de ella y formar imágenes simbólicas que esconden un significado. 

Sin embargo, yo al menos he aprendido más de mis reflexiones diurnas, leyendo la Biblia, de mi historia o mis escritos,  que de interpretaciones oníricas, que las desconozco, me resultan caprichosas, incoherentes y locas,  y que en realidad me importan poco.  El que se examina como en un espejo frente a la Palabra de Dios, no se olvida de cómo era y no tiene que aparecerle un significado oculto y en símbolo lo que ya le es evidente; en realidad en mi caso, creo no ser el único, no son secretos sino  más bien repeticiones de mis miedos, falta de fe y rara vez deseos incumplidos. Será porque mi oración vuelca todo eso en el oído de Dios. Si tengo la oración franca, la Biblia y al Espíritu Santo como su intérprete, de ella y de mi experiencia, huelga otro ayudante que presuma de titular más sabio que ese bondadoso Consolador. Lo que he aprendido de mis sueños no es que yo sea una bella persona sino alguien muy incrédulo y tímido, un hijo de Adán. Lo que me revelan mis sueños, más que mis obras de la carne, son los frutos del Espíritu Santo que he perdido. No dejen que vengan diciéndole “soñé, soñé” (Jer.23:25) y que “se me dan los sueños”, que esas son fantasías para crédulos, santurrones y mojigatos. Mándelo a leer la Biblia y a tomar algún sedante para que duerma mejor.