jueves, 11 de julio de 2013

No vale esconderse ni huír de Dios



Génesis 3: 7-10
"Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? 10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”.

Todo esto es una humanización de Dios. Fíjate, lector de la Biblia, que es inútil huir del castigo cuando uno peca. El pecado “lleva en sí castigo” como el miedo (1 Jn. 4:18); y si no, mírale en el fondo de los ojos a los homosexuales, los adúlteros y los fornicarios, detrás de sus sonrisas y maquillajes. En realidad Dios no vino a Adán y Eva para castigarlos sino para arreglarlos, pero algún castigo tendrían, mínimo, pero alguno.  No viene para castigarnos sino para resolver nuestro problema. Y si hay castigo es mínimo, con misericordia. Los castiga a trabajar y a parir con un poco de dolor; y en vez de ejecutarlos.

El relato permite hacer una generalización, que la principal razón por la que huimos de Dios, la principal, es por la relación que hay entre el pecado y el sexo y como no queremos dejar limpio de pecado el sexo, entonces huimos de Dios para que ni Dios ni alguien nos llamen la atención. La envidia, el odio, incluso el homicidio aunque evita el castigo humano, no hace huir de Dios, como los presos lo atestiguan, porque Caín no huyó de Dios.

Por otro lado es inútil el intento taparle  el pecado a Dios. En el caso de Adán, diría, “aquí detrás de este árbol”. Y salta a la vista que hacemos lo mismo. Nos escondemos detrás de algunas hojas y ramas secas. Una casa. Ropa bonita. Un auto nuevo. Un título. Una sonrisa. Del dinero. Huimos de Dios porque sentimos remordimientos y  culpas carnales. Es mejor salir desnudos, no huir, no tapar nada y exponer a Dios lo que nos hace sentirnos avergonzados, arreglar lo que haya que arreglar, enfrentar las consecuencias y pedir misericordia al Señor, que siempre la ofrece.  Dios tapa nuestro pecado cuando lo tapa con la piel de Jesucristo. Cuando Dios lo llamó y le preguntó por dónde andaba, porque se puso en fuga de la iglesia, él le respondió,  "estoy aquí".  Y ¿qué haces ahí?
 “Escondiéndome” ¿De quién? ¿De la serpiente? No, de ti.