martes, 2 de julio de 2013

Lot, un ejemplo raro, que inspira poco


Génesis 19:15-22
“Ahora he aquí, esta ciudad está bastante cerca para huir a ella, y es pequeña. Te ruego que me dejes huir allá (¿no es pequeña?) para salvar mi vida”. 

Lot, desgraciadamente, es el tipo de un creyente sincero pero con una muy extraña combinación de cosas en su carácter. Uno lo ve y lo oye suplicarle a los yernos que escapen del juicio venidero, y por alguna razón no lo tomaron en serio (v.14), cuando lo oye discutiendo con los sodomitas por sus huéspedes lo admira, cuando lo escucha ofrecer a sus hijas vírgenes para salvar aquellos extraños, se queda con la boca abierta sin saber si admirarlo o condenarlo; y ahora que se le da la oportunidad de escapar de Sodoma duerme la mañana (v.15) y los ángeles tienen que apurarlo para que se ciña, empaquete lo que piensa sacar y salga pronto de la ciudad.  No sólo iba lento sino que se paró definitivamente como si el juicio vendría el año próximo y no esa misma mañana (v.16). 

La  palabra no sólo indica que se detuvo sino que hizo “preguntas” que es el primer significado de la palabra. ¿Qué preguntas? ¿A esa hora? ¿Por qué no las hizo antes? La palabra también indica “dudar” “reluctante”. ¿Dudas de qué tipo? “¿Si me voy o no me voy, si ahora o después, si será verdad o no?”. Reluctante en acabar de huir como si no tuviera muchas ganas de hacerlo y lo hace porque lo están empujando. Cuando se le dice que huya al monte, le parece que está muy lejos y pide que lo dejen refugiarse en una pequeña ciudad mucho más cercana (vv.19,20); le cambia los planes a Dios con respecto a su salvación y luego más extraño aún es el ruego que hace sobre la pequeñez de la ciudad como si por ser pequeña y no importante fuera un motivo para no destruirla por el pecado que también la contaminaba. Además, pensaba que estaría más seguro en una ciudad que en el campo.

Y todavía más extraño es el relato que se hace al final del capítulo sobre la borrachera que tuvo y cómo durmió con sus dos hijas; de modo que uno se siente inclinado a decir similar a los rabinos: “Este hombre no tiene ni un ápice de fe ni de temor de Dios (2Pe.2:7,8)” . Sin embargo, era un hombre justo, como se da a entender por lo que Dios hizo con él. Muy poca gloria trajo a Dios y no serviría de ejemplo para nadie que quisiera inspirarse en algún modelo de fe y consagración.

Oh, la fe es algo maravilloso, cómo puede sacar a una persona del infierno y habitar en una vida tan extraña. No juzguemos, pues, no sabemos quiénes serán salvos y quiénes no, pero tampoco seamos así, que la gente no pueda estar segura si somos en realidad lo que decimos ser o no somos nada.