viernes, 12 de enero de 2018

Son bellas, más que las cristianas

GENESIS 6:2
“Los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban” (2 Pe.2:4,5; Jud.1:6,7). 

Es un pecado muy grande la contaminación matrimonial de la raza santa. Deja que los hijos del mundo se casen entre ellos y los jóvenes creyentes con hijas de Dios. Dice Gill lo siguiente:

“Según escritores árabes después de la muerte de Adán la familia de Set se separó de la de Caín. Set tomó a sus hijos y esposa y se instaló en una alta montaña (Monte Hermón) en la cumbre donde su padre Adán había sido sepultado, y Caín y todos sus hijos vivieron en el valle debajo donde Abel fue muerto. Set sobre la montaña obtuvo un prestigio de santidad y pureza, y se hallaban tan cercanos a los ángeles que podían escucharlos y unirse en alabanzas con ellos y por esa razón él y sus hijos recibieron el nombre de “hijos de Dios”. Su padre Set y los otros patriarcas les habían dicho que no descendieran y se juntaran con los habitantes del valle con los hijos de Caín. Algunos de ellos desobedecieron y bajaron y tomaron mujeres y después les siguieron otros atraídos por la belleza de ellas. 

Dicen algunos autores judíos que siendo los cainitas más numerosos y poderosos que ellos sólo le permitieron casarse con sus mujeres, agradando la carne sin tener en cuenta el carácter moral y civil de ellas, sin el consentimiento de sus padres y sin consultar a Dios cometiendo así fornicación a lo cual aquellas mujeres tenían adicción además del baile y las canciones mundanas, y esos fueron los atractivos que hicieron que aquellos jóvenes dejaran el monte santo y descendieran a tomarlas”. Como si dijeran entre ellos, “son bellas, más que las cristianas”.  El NT, concretamente Pablo, dice “no os unáis en yugo desigual con los incrédulos” (2 Co. 6:14-18). Ese yugo pesa mucho y se lamenta toda la vida haber fantaseado que algún dia ellos se harían cristianos. No es cierto que sean más bellas, sino más sensuales y exóticas, y llenaron más los ojos de los hijos de Dios que sus hermanas en la fe.