lunes, 8 de enero de 2018

El engaño de la Primera Dama

GÉNESIS 3:4,5
“Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis. Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal”. 

¡Cómo van a pensar que Dios miente! Ella quiso decirle: “Si Dios no quisiera que adquieras el conocimiento del bien y del mal no habría plantado este árbol”; y Eva miró los frutos colgando entre las hojas, y el reptil erguido sobre una rama, como si alas tuviera. Su intención era que probara la desobediencia y conociera el mal por experiencia; y una gran frustración le cayó a la Primera Dama cuando despojada de algo sintió que quedó, y se desprendió de su cuerpo la gloria que la cubría y el Espíritu sagrado que la envolvía; y agitado su pecho y ensombrecido su rostro corrió hasta su compañero con una fruta en la mano para tener con él alguien en su despojo y solitario infortunio. Aquella mentira con que se acusaba a Dios tenía arropada esta verdad, “llegarás a ser como yo”, y cayó del árbol el esperpento, como un gusano, y ellos fueron así, similares al diablo. No es por vista, pareja, sino por fe. 

GÉNESIS 3:6
“Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió”. ¿Cómo pudo con una mirada suponer todo eso? Y ya su mirada cambió, de una santa por la codicia, la confianza por el pánico, la gratitud por la envidia, y dejó de ser radiante para ser oscura, y no vería más al Invisible con su par de ojos engrandecidos y ciegos, que parecían más dos hoyos profundos que una pareja de escrutadores de la belleza y la Deidad. La doctrina y la correcta interpretación de la Palabra de Dios le sirvieron para poco en el momento de la tentación, cuando se tiene la Biblia abierta, se memoriza y no se cumple. Se suspende la comunión.

             Por qué huimos de Dios
GÉNESIS 3:7-10
"Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.  Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”.

Todo esto es una humanización de Dios. Fíjate, lector de la Biblia, que es inútil huir del castigo cuando uno peca. El pecado “lleva en sí castigo” como el miedo (1 Jn. 4:18); y si no, mírale en el fondo de los ojos a los homosexuales, los adúlteros y los fornicarios, detrás de sus sonrisas y maquillajes. En realidad, Dios no vino a Adán y Eva para castigarlos sino para arreglarlos, pero, algún castigo tendrían, mínimo, pero alguno.  No viene para castigarnos sino para resolver nuestro problema. Y si hay castigo es mínimo, con misericordia. Los castiga a trabajar y a parir con un poco de dolor; y en vez de ejecutarlos.
El relato permite hacer una generalización, que la principal razón por la que huimos de Dios, la principal, es por la relación que hay entre el pecado y el sexo y como no queremos dejar limpio de pecado el sexo, entonces huimos de Dios para que ni Dios ni alguien nos llamen la atención. La envidia, el odio, incluso el homicidio, aunque evita el castigo humano, no hace huir de Dios, como los presos lo atestiguan, porque Caín no huyó de Dios.

Por otro lado, es inútil el intento de taparle el pecado a Dios. En el caso de Adán, diría, “aquí, detrás de este árbol”. Y salta a la vista que hacemos lo mismo. Nos escondemos detrás de algunas hojas y ramas secas. Una casa. Ropa bonita. Un auto nuevo. Un título. Una sonrisa. Del dinero. Huimos de Dios porque sentimos remordimientos y culpas carnales. Es mejor salir desnudos, no huir, no tapar nada y exponer a Dios lo que nos hace sentirnos avergonzados, arreglar lo que haya que arreglar, enfrentar las consecuencias y pedir misericordia al Señor, que siempre la ofrece.  Dios tapa nuestro pecado cuando lo tapa con la piel de Jesucristo “sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne (Ro. 13:14); creados conforme a su imagen (Efe. 4:24). Cuando Dios lo llamó y le preguntó por dónde andaba, porque se puso en fuga de la iglesia, él le respondió, "estoy aquí".  Y ¿qué haces ahí?

Escondiéndome, ¿de quién? ¿De la serpiente? No, de ti.
GÉNESIS 3:14,15
“Y el Señor Dios dijo a la serpiente:
            Por cuanto has hecho esto,
            maldita serás más que todos los animales,
            y más que todas las bestias del campo;
            sobre tu vientre andarás,
            y polvo comerás
            todos los días de tu vida.
            [15] Y pondré enemistad
            entre ti y la mujer,
            y entre tu simiente y su simiente;
            él te herirá en la cabeza,
            y tú lo herirás en el calcañar”.


Un castigo bien pequeño para el reptil, la condenación a vivir en un nivel inferior de la creación; no se menciona la muerte porque la muerte ya formaba parte de la existencia animal. Para el hombre vivir en un nivel inferior al que fue creado, es una gran humillación; la enfermedad y la muerte son humillaciones. “Los versículos tienen una estructura poética y son muy antiguos” (Broadman Bible Commentary). En esos versículos no hay un odio cultural hacia la serpiente sino una maldición, un tipo de alguien caído que come polvo por su pecado (49:17). En realidad, esto parece tanto una pintura de la raza humana como del diablo. El nunca olvidado caso de involución no evolución de este reptil. Imagino que al principio los animales no eran carnívoros sino herbívoros, porque el mundo era un paraíso. El hombre ya se comporta como las bestias, de modo infrahumano.