miércoles, 25 de enero de 2017

Diferencia entre un tropezón y un resbalón


SALMO 94:16-18
“...cuando yo decía mi pie resbala tu misericordia me sostendrá”; otras versiones lo vierten en pasado y queda más bonito y útil, “cuando resbalaba tú me sostenías”. Resbalé pero no llegué al suelo. Se taparon la boca sin poder creerlo y abrieron los ojos y dieron un grito. ¡Imposible! Pero no llegué al piso, en el aire me sostuvo una mano invisible. ¿Has perdido alguna vez tu equilibrio espiritual? Hay dos causas por las cuales uno se cae, suponiendo que no se halle enfermo: porque tropiece o porque resbale. No hay santo alguno que no haya tenido esa terrible experiencia, sentir que su pie resbala, y como el salmista pensar que ha de caerse, y que todo lo que tiene en sus manos: iglesia, hijos, trabajo, volarán. No se trata que haya tropezado, pues en ese caso bien pudiera haber puesto sus manos para amortiguar la caída o sostenerse de algo para evitarla; pero cuando se resbala la caída no es hacia delante sino hacia atrás, no hay tiempo para sostenerse, y el golpe generalmente es mayor y más peligroso.
Hay cierto grado de inocencia o ingenuidad cuando se resbala, porque se pone el pie en un sitio que se cree firme, parece firme y de pronto no se halla apoyo y el pie resbala. El que resbala no nota las causas deslizantes antes de apoyarse confiado, sino después que ha caído. Aunque no hay ninguna razón que justifique la misericordia divina, quizás esa es una, por la que Dios extiende sus brazos de misericordia y sostiene al que resbala para que recobre su equilibrio espiritual, y “no sea quebrado hueso suyo” (Jn.19:36). Cuando uno resbala es porque se ha salido del Camino; en los pasos por donde va nuestro Señor no hay ningún punto que resbale. Los que han resbalado, pero no han caído tienen secretamente el testimonio de la fidelidad del Señor, puesto que él los ha seguido por una vereda no suya, y ha extendido sus brazos no dejándolos caer.
No hay persona más indefensa que el que ha resbalado, y sólo un milagro podrá evitar que se haga daño. ¿Cuándo has visto que vayan dos juntos y uno resbale que el otro lo sostenga? No le da tiempo, lo más que puede hacer es ayudarlo a levantarse pero no alcanza a evitar su caída; excepto que su segundo sea Dios. El invierno se acerca y habrá nevadas y heladas, roguemos al Señor que guarde nuestro pie de resbalar, sobre todo los hermanos y hermanas mayores. Cuando ya se tienen algunos años un resbalón, una caída, puede significar un golpe muy mal dado y una rotura sin soldar por el resto de los días. Las quebraduras a una edad avanzada son difíciles de soldar, hay demasiados sentimientos en la sangre que no dejan que lo que se quebró se recupere. El testimonio cristiano viejo es como el cristal. ¿Tienes temores de caer en pecados?  Pudieras decir, “perdí mi equilibrio y algunas cosas que tenía en mis manos se me cayeron, y estuve a punto de tocar el suelo, pero me recibieron “acá abajo sus brazos eternos” (Deu.33:27), no defiendo ante mi avergonzada conciencia[1], ese mal paso dado en mi historia” 

No sufro por haber perdido honor ante los hombres
Salmo 51:4
“Contra ti, contra ti sólo he pecado y he hecho lo malo ante tus ojos”. 
Una cosa es sentir lástima, pena y vergüenza con una persona por haber pecado contra ella, y otra reconocer que ese pecado ha sido contra Dios. Lo primero pueden ser sentimientos naturales y un producto de la imagen social dañada, y lo segundo tiene que ver con la fe y es una obra de gracia del Espíritu en el corazón. David es tan absoluto cuando dice “contra ti sólo he pecado”, sin incluir el “qué dirán”, a Urías heteo ni a su esposa, ni a sus hijos y amigos, que uno pudiera pensar que le daba igual el daño que les ocasionó, aunque no es así, sino que su vergüenza no tiene ni una gota de dolor social y haber perdido honor ante los hombres. No es una vergüenza social. Aunque pudo haberse disculpado con Betsabé y reparar su falta, ese pesar humano no está incluido en su confesión, no lo cuenta como mérito ni lo equipara al “arrepentimiento para con Dios” porque pertenece a la ley “escrita en el corazón” (Ro. 2:15) de todos los hombres, y no a la predicada por el profeta Natán, Moisés y Jesús; y ese pesar es ajeno a “la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch.20:21). En el verdadero arrepentimiento la vergüenza moral no es mayor que la realidad de Dios. “Para que seas reconocido justo en tu palabra y puro en tus juicios” en relación con su pecado contra Dios. Cuando pecamos contra él nos damos cuenta que él es puro y nosotros no; somos pecadores. Lo que declara sobre nosotros es cierto y siempre es justo cuando da su opinión, y puro cuando emite un castigo o juzga. Cada vez que pecamos conocemos más a Dios. Perder un pedazo de un buen testimonio cristiano, duele hasta los huesos, pero la carne crece otra vez y más bonita, nueva, pero el dolor y la vergüenza ante Dios es mucho más larga y llega hasta donde la memoria se halle viva.  Y de lo otro, ¿qué más da si ellos, los criticones, los públicos y escondidos, hacen cosas peores, y sin enrojecerse. Sus ojos están llenos de, ya sabe…búsquelo en esta cita bíblica (2 Pe. 2:14).