jueves, 12 de enero de 2017

A Dios no le gusta la palabra rehusar


Génesis 22:1-14
“Y el ángel dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único”. 

Jehová proveerá, en el monte de Jehová será provisto. Sería más ajustado a la variedad de usos de la palabra, traducir, en el monte de Jehová será “visto”. Por supuesto que si vio un cordero allí, entendido que Dios se lo había provisto. ¿Por qué no le puso por nombre “liberación de mi angustia”? El nombre va dirigido a instruirlo, y a sus descendientes, en la doctrina de la providencia en toda la vida, y primeramente en relación con el culto, de dar a Jehová lo mejor que se posea, y nada tiene más valor que un hijo. ¿Por qué no dijo: ¿he aprendido a amar a Dios, sobre todo, a no negarle nada si esa parece que fue la intención? Lo que aprendió, lo aprendió para sus descendientes, que supieran que en comunión con el Señor les será provisto para servirle; no habría excusa para abandonar las ofrendas y sacrificios por el pecado. También el relato tiene el propósito escogido por Moisés para fortalecer la centralidad del culto en la vida del pueblo.
Otra razón para contar este episodio quizás sea la ratificación de la promesa dada (vv. 15-18; 12:14-16) y, teniendo en cuenta la posteridad, incluyéndonos, hacernos mejores creyentes. ¿Quieres que Dios cumpla sus promesas en ti? Tienes que ser un mejor hombre de fe, más obediente, no negarle nada y negarlo todo por él (Luc.14:26). La fe no se muestra tanto por lo que uno adquiere sino por lo que se quita, lo que entrega, lo que pierde. Son renuncias lo que demuestran la fe, no adquisiciones. 
Como ya he sugerido, el relato está recogido con el fin de enseñar a confiar en la prueba de la fe en la providencia de Dios; que, si él tiene la preeminencia, en todo, él proveerá. Dios es inmutable; por lo tanto, siempre se mostrará providencial.  Hay una palabra que a Dios no le gusta; por eso se la dijo a Abraham: "rehusar", y la emplea un par de veces (vv.12,16); a no ser si rehusamos pecar.  Y Moisés enseñó que a él tampoco le gustaba. A la Ley no le gusta. La fe que justifica no está relacionada tanto a ninguna otra doctrina como a la providencia de Dios, donde ella se asegura y se muestra por la obediencia, sin incertidumbres ni inconstancias. Si somos justificados como Abraham es “por fe y para fe” (Ro.1:17). La primera fe corresponde a la salvación y la segunda a la vida. Es una misma. Se conoce la primera por la observación de la segunda. A Dios no le rehúses nada, por algo te lo pide.