viernes, 4 de marzo de 2016

Lo que escribe el Espíritu Santo jamás se borra

2CORINTIOS 3:3
“Siendo manifiesto que sois carta de Cristo redactada por nosotros, no escrita con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de corazones humanos”. 

El apóstol Pablo continúa contestando a sus pequeños criticones, que él no necesita de cartas de recomendación de nadie y que además porque cuenta con las señales apostólicas, porque ellos son sus cartas, escritas por el Espíritu Santo en sus corazones, cartas abiertas, quiero decir con un testimonio válido y auténtico ante el mundo. Ningún papel autentifica tanto la vocación celestial de un pastor como la calidad de cristianos que forman su iglesia. El cincel con que cuentan los judaizantes el cincel de Moisés, hecho de hierro, feroz, que a golpe de demandas crea sus discípulos. Y, en cambio el Espíritu no utiliza ninguna herramienta férrea, cortante y dura, sino una mano extendida desde el mismo trono de Dios, amable y cariñosa, sin golpes de venganza sino con caricias de amor. Oh Espíritu Santo, inseparable compañero de nuestro ministerio y de nuestra salvación.

Quiero que sepas que lo que escribe el Espíritu Santo en nuestros corazones jamás se borra. Hay diferencia entre oír la ley de la Dios de Moisés y oír las palabras del Espíritu Santo. Moisés te escribe la letra y la forma de la ley pero no tiene poder para vivir por ella, la quebrantas una y otra vez y te vuelves un constante transgresor. Los que saben la ley por Moisés son cristianos débiles e impotentes pero lo que enseña el Espíritu no se borra, no se olvida, el mandamiento siempre está activo fortaleciéndonos y dándonos libertad (1Ti.1:12,13). Moisés “tiene cada día quien le lea en la sinagoga” (Hch.15:21), pero el mundo tiene algo mejor que leer, el evangelio en las vidas transformadas por el glorioso evangelio que ha brillado en la faz de Jesucristo. El mundo no conoce las cartas de Pablo, ni las epístolas de Juan, ni lo que escribió el apóstol Pedro, pero sí puede leer la moral de Jesucristo, la esperanza de Jesucristo, la santidad de Jesucristo y las virtudes de Dios en el comportamiento de la iglesia. Cartas escritas por el Espíritu Santo a Julia, Bernabé, Jacinto, Rosa, y a una incontable multitud de cristianos que viven de polo a polo en esta pequeña bola que flota en el vacío. Lo que ha escrito Dios de su puño y letra en sus corazones, nunca se olvida y nunca se borra.