miércoles, 3 de febrero de 2016

Bendito el que está contento con su trabajo, donde vive y la iglesia que tiene.

SALMO 16:5,6
“Es hermosa la heredad que me ha tocado” 

Literalmente dice “en verdad es hermosa mi herencia”.  Y en otras palabras, “no me puedo quejar, las cosas que tengo me las ha dado Dios y me gustan; mis propiedades son bendecidas por él y me las cuida y bendice, soy muy afortunado por lo que la providencia ha hecho conmigo; estoy a gusto con lo que tengo y lo hallo hermoso, no tengo que envidiar a otros ni desear tener lo suyo, estoy más que conforme y considero que Dios ha tenido un trato especial conmigo. Estar dentro de lo mío es mi delicia y no deseo irme de allí porque cada día llega con Dios su bendición”. Dios no nos da nada que no nos guste y no tenga la más alta calidad, si se lo pedimos y si sustenta  nuestras bendiciones (Mal 2:2). La mayor parte de las propiedades de

David fueron heredadas de sus antecesores; lo mismo podemos decir de las doctrinas cristianas llamadas agustinianismo, calvinismo o paulinismo. No porque ellos las hayan inventado sino que han sido sus transmisores. En otras palabras, nuestra herencia incontaminada, reservada en los cielos. Bendito el hombre que está contento con el trabajo que tiene, el lugar donde vive y la iglesia que tiene.