jueves, 11 de febrero de 2016

Líderes dulces y amorosos

JUECES 9:5-15
“Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano”. No reine otro sino tú, sobre mí. "Seré rey sobre vosotros si hacéis mi voluntad; someteos a mí y el que no lo haga lo devore el fuego". 

¿Qué sombra tiene una zarza? Ninguna. Eligieron al peor. No necesitaban un rey. ¿Qué necesidad tiene el olivo, la higuera y la vid de la zarza? Árboles tontos si Jehová es vuestro Señor no necesitan sino su palabra. Esta fábula compuesta por Jotam es muy provechosa para el creyente cristiano si la toma en dos sentidos. Primero en relación a la elección de sus líderes; cuando el pueblo sufre violencia de un grupo faccioso que se las arregla para colocar al frente de la congregación de Dios a personas que espiritualmente son las peores que se pudieran encontrar, carnales y no espirituales, ambiciosas, que no descartan ningún medio de las tinieblas para erigirse en caudillos de quienes no debieran. Abimelec engañó a Siquem y los convenció para que le dieran muerte a setenta medios hermanos suyos con el fin de quedarse él como dueño de la prestigiosa historia de Gedeón; no era el mejor líder, ni el más dotado a no ser con aquella virtud que tienen las serpientes, la astucia. Sin sombra como una zarza, para cobijar debajo de sí a mucha gente necesitada, sin belleza, lleno de espinas desgarradoras y sin frutos. En fin, inferior en todo. Este hombre ambicioso logró por unos tres años apoderarse de la dirección de Israel. Así hay hombres que logran ocupar, como Diótrefes, el primer lugar dentro de la iglesia para mal de ella, o de su nación; los que nada tienen que ofrecer a Dios o a los hombres, sino escasez, mentiras y esclavitud.

En segundo lugar, oh mis hermanos, que sean los que nos presiden, los que están en eminencia en la casa de Dios, aquellos que como el olivo honran a Dios y a los hombres, que glorifican al Señor con sus vidas, con sus trabajos y la iglesia es también colocada en un lugar muy alto. Que Dios no permita que vengan a enseñorearse de su pueblo los que son espiritualmente bajos, que no tienen ojos, ni lengua, ni mano para adorar al Señor, los que espiritualmente son incapaces. O aquellos que como la higuera ponen a disposición del pueblo santo su dulzura y buen fruto. Oh sí, danos Señor, hombres que sean dulces en su cantar como David, dulces en su palabra como Jesús. Dulces en su predicación, en sus maneras; que sintamos tu amor por las manos, los labios y la mirada de esos siervos tuyos. Llenos sí, de frutos del Espíritu Santo, amor, gozo, paz, bondad, mansedumbre, templanza; que no haya ninguna ley en contra suya. Grandes cristianos queremos que sean los que conduzcan tu pueblo, que los pastoreen en este mundo. Oh Señor, danos líderes que atraigan hacia sí a los niños, a los ancianos, a los adultos todos; que uno sienta que tú nos los has mandado porque son buenos, inteligentes, espirituales dulces y amorosos.