domingo, 28 de febrero de 2016

Dos hombres distintos, dos ministerios distintos

JOSUE 12:6,7,24
“Y estos son los reyes de la tierra que derrotaron Josué y los hijos de Israel, a este lado del Jordán hacia el occidente, desde Baal-gad en el llano del Líbano hasta el monte de Halac que sube hacia Seir”. 

Dos hombres distintos, Moisés y Josué, dos vidas con misiones diferentes. Moisés fue tan siervo de Dios como Josué y viceversa. Ambos fueron llamados por Dios para servirle, pero no en lo mismo, no con el mismo ministerio. En la lista de reyes que venció Moisés sólo aparecen dos, Sehón y Og, mientras que en la de Josué hay treinta y un reyes. Josué fue militarmente mucho más útil a Dios que Moisés, pero Dios no llamó a Moisés para que hiciera aquellas batallas, ni a Josué para que escribiera los cinco primeros libros de la Biblia, para que hiciera maravillas en Egipto, para que viera a Dios cara a cara y para que fuera el hombre más manso del mundo (Num.12:3), sino para que meditara en la ley de Jehová y hallara en ella su delicia. ¿No?

El Espíritu Santo colocó  una lista detrás de la otra inocentemente porque Josué jamás la escribió para gloriarse por sus trabajos más extensos; al contrario, desde el mismo comienzo de su libro cuenta que Dios le tuvo que animar mucho para hacer su trabajo. Los grandes siervos de Dios no se comparan para sacar ventajas. No se trata de ignorar lo que el otro hizo o está haciendo; podemos saberlo, gozarnos, sin envidiarnos ni sentirnos menos. ¿Por qué Moisés tiene que librar guerras si Dios no lo capacitó para eso? ¿No recuerdas que fue Josué quien luchó contra Amalec mientras él oraba sobre un monte? (Ex.17:10,11) No te sientas menos porque no puedes alcanzar el éxito que otros hacen. El plan de Dios para los otros no es el mismo que tiene para ti. Trabaja para Dios como puedas, con todas tus fuerzas, en lo que sabes hacer y donde él quiera que lo hagas. Los dones que nos da Dios marcan su llamamiento pues nos equipa con los medios para cumplir nuestra comisión. Hay quien es un campeón evangelizando de casa en casa pero otro se moriría de vergüenza tocar a una puerta; pero es un buen maestro de Biblia. No es uno mejor que el otro y se le hace daño al que enseña arrastrándolo a la calle y si no va, creándole culpas. Uno entiende y enseña doctrinas con claridad pero a otros no le pidas eso pues lo que pueden es hacerle reparaciones a la casa de oración. Dice Pablo que el ojo es ojo y no mano ni pie pero cada cual es un miembro del cuerpo de Cristo, la iglesia (1Co.12:14-27). Lo que se pide de todos es que “sea hallado fiel” (1Co.4:2).