lunes, 15 de febrero de 2016

Cuándo llegaremos a practicar la predestinación y la providencia

HABACUC  2: 3
“Aunque tardare, espéralo, no tardará”.

El profeta se refiere a la retribución sobre Babilonia y contiene la misma natural impaciencia que muestran los santos en el Apocalipsis de Juan. Lo que Dios le dice que espere es su juicio y le aclara que hay un tiempo señalado para ella que sólo él conoce, y además  “el día ni la hora nadie lo sabe”. Lo que ha de ocurrir ocurrirá pero según el calendario de Dios no el de ustedes. Dios está haciendo historia y no necesariamente contestando peticiones.
El texto dice que Dios se apresura, o su cumplimiento se apresura, pero por contraste se lee que dos veces menciona la tardanza del cumplimiento de los deseos y oraciones de ellos; la primera vez, “aunque tarde” abre la posibilidad que sí se demore o que se piense que se demore, o digan que se demora; pero en la segunda parte afirma que “no tardará”. Se demora según nosotros y se apresura según Dios. Los días divinos tienen más de veinticuatro horas, son más largos.  En esos desesperantes compases de esperas hay dos doctrinas hermanas que acuden para dar paciencia y perseverancia, y son la predestinación y la providencia de Dios. A esas dos ha encomendado el Señor ir a la calle Circunstancias-difíciles y tocar a la puerta de Débil-en-la-fe, donde recientemente se han alojado las gemelas Impaciencia y Precipitación y su cuñada Desesperación. A aquellas dos santas ha encargado Dios desalojarlas y ayudar al creyente a calmar su impaciencia y fortalecerle la fe.
Si Dios se tarda su promesa, habrá más gloria en el asunto y será mejor; y eso significa que se está dando tiempo para la salvación (2 Pe. 3: 9). Cuando Dios se tarda la incredulidad comienza a decir “es mentira, es fraude” y empiezan a burlarse (2 Pe. 3: 4); pero ya Jesús lo había predicho (Mt. 24: 48-50). Dios no miente, es imposible que él mienta. ¡Cuándo acabaremos de practicar esas dos amigas del credo de nuestra profesión, Predestinación, cuyo consejo es: “tu destino está escrito y no es malo y se ha de enderezar”; y Providencia que nos dice: “en el monte de Jehová será provisto, cálmate”!