viernes, 19 de febrero de 2016

Apúrense a vivir en amor, que Jesús nos halle abrazados

1 CORINTIOS 16:19-24
"Os saludan las iglesias de Asia. Aquilas y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor.  Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con un beso santo.  La salutación de mi mano: Pablo.  Si alguno no ama al Señor, sea anatema. ¡Maranatha! La gracia del Señor Jesús sea con todos vosotros.  Mi amor sea con todos vosotros en Cristo Jesús”. Amén.


Esta es nuestra exposición final, gracias al Señor  podemos decir ebenezer porque hasta este momento el Señor nos ha ayudado. Nota que el amor fraternal entre los hermanos es mucho y especialmente que  Pablo lo promueve; él es quien recibe los saludos y no olvida pasarlos porque sabe que los destinatarios se han de poner muy contentos al recibirlos. En todas aquellas iglesias de Asia había hermanos que conocían algunos corintios o al menos habían oído a los apóstoles hablar de ellos y por referencia ya los amaban, “os saludan las iglesias de Asia”. Asia saluda a Europa.


En especial saludan los exmiembros de la iglesia, Aquilas y Priscila; aquellos dos judíos santos que hacían tiendas y eran la mano derecha del apostolado a los gentiles. ¿ Por qué será que el amor de los hermanos que se marchan se apaga con el tiempo y la distancia? Sin embargo, no se muere completamente porque cuando la providencia los une, otra vez  brota de modo muy afectuoso. Aquí tenemos un saludo entre dos continentes. Aquilas y Priscila  envían muchos saludos (v.19). Insisten en que sus saludos sean llevados. Los que vamos de una parte a otro del mundo no olvidemos a los que vamos conociendo y con quienes compartimos preciosos momentos en el Señor; con el tiempo hacemos muchos amigos que perdemos si de cuando en cuando no se establece algún contacto con ellos. Siempre el apóstol exhorta a que se saluden con ósculo santo, para expresarse más el cariño, para hacer que la hermandad espiritual se vuelva amistad y se torne familiar.
El apóstol concluye la epístola firmándola, quizás con grandes letras, para que los hermanos vean cuánto los ama y que  aunque sea su epístola  escrita por un amanuense, ha sido vertida de su mismo corazón (v.21). ¿Qué tal si hubiera contado con un ordenador o computadora y un programa Dragon  u otro para hablarle?
Sin embargo, en todas las iglesias hay quienes hacen mucho para matar el amor fraternal. El contenido del v.22 parece extraño dentro de su contexto, como si al terminar de firmar la carta, el pensamiento de alguien muy dañino hubiese llegado a su mente. Su palabra, anatema, no es un intento de evangelizar sino una maldición, que caiga sobre quien no ame la iglesia, que es el cuerpo de Cristo y contribuya a su desunión, que rompa su armonía, menosprecie a sus líderes y siembre la discordia entre los hermanos.

Desde el v.14 hasta el v.24 de un modo o de otro la palabra clave es amor y eso explica su abrupta maldición. Oh hermano, no puedes amar si no eres transformado día por día en relación con los hermanos. El amor tiene mucho de reflexión, es un esfuerzo de la mente, del corazón, del hígado, de todas las entrañas, de la voluntad, sí, uno ama cuando quiere amar; es una fuerza que sale y se nutre con la obediencia a la palabra de Dios. Maldito el que chismea, el que envenena a los demás, los que no quieren saludos de nadie ni saludan a nadie. El Señor viene, Maranatha, (en arameo) y nos recogerá como iglesia; apúrense a vivir en amor, que nos halle abrazados y unidos en cariño santo. Concluye el apóstol, mi amor sea con todos vosotros. Es una forma bonita, espiritual y apasionada de despedida; está colmado de afectos por ellos. Bendigamos a Dios si tenemos un pastor así, que nos ame tanto y nos lo haga sentir con sus escritos, palabras, abrazos, saludos y ósculos santos. Amén.