jueves, 13 de septiembre de 2018

El diablo piensa que nuestra salvación fue un error suyo


ÉXODO 14:8,9
“Entonces los egipcios los persiguieron con todos los caballos y carros de Faraón, su caballería y su ejército, y los alcanzaron acampados junto al mar, junto a Pi-hahirot, frente a Baal-zefón”. 

¿No ves en esos egipcios, faraón y sus soldados yendo detrás de los israelitas, lo mismo que ocurre cuando un pecador es llamado por Dios afuera de su cautividad, como el diablo y sus huestes lo persiguen tratando de darle alcance y hacerlo retroceder para que le sirva?

Nota como el diablo lamenta haber tenido que dejar ir a un pecador fuera de sus dominios (v.5) “¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel para que no nos sirva?”. Tienes que saber que una vida entregada al diablo es una vida a su servicio, y es esclavitud. La paga del pecado es muerte y el diablo no paga de otro modo; y no regala nada, sino que exige algo a cambio. Estrictamente no da nada. Faraón no les pagaba a los israelitas a no ser malos tratos y azotes si fueran necesarios. Cuando uno sirve a Dios siempre tiene más porque “al que tiene más se le dará”, pero cuando se sirve al diablo todo se “desgasta con el uso” (Col.2:22), y eso sin un balance o compensación. El apóstol Pablo dijo que su hombre exterior se “destruye más el interior se renueva de día en día” (2Co.4:16).

La obra del diablo es doblemente mala, hace daño por dentro y por fuera, envejece por fuera y más por dentro, enferma por fuera y peor por dentro pues mata todo lo que del espíritu pueda. Con Satanás nunca hay renovación. Su meta es el deterioro continuo.   ¿Y a cuál de los santos y fieles en Cristo Jesús el diablo nunca lo ha alcanzado en algún punto del camino? No digo que el diablo lo haya vencido, pero sí que ha ocasionado heridas graves, cicatrices que ahora lleva en su memoria y que de algún modo son como “marcas de Cristo”.
De veras que esperamos no volvernos a encontrar con él.  Mira que la salvación es hecha por la poderosa mano de Dios. No fue la mano de Moisés ni la de Aarón sino la del Señor, porque hace falta mucho poder para sacar a un pecador de su pecado (Flp.3:10; He.6:5). Se puede afirmar también que el diablo lo persigue y le puede dar alcance en algún punto del camino, mas no hacerlo volver porque la mano poderosa de Dios que lo sacó de la servidumbre lo sigue defendiendo. No te lamentes como estos inmaduros israelitas, que hablaron sin saber lo que decían cuando se lamentaban de haber seguido a Cristo (vv.9-14).  Lo que hay que lamentar es no haber salido antes del pecado, haber huido del dominio del diablo. Como ya dije, el diablo piensa que nuestra salvación fue un error de él y que puede corregirlo. Y no es así (v.8).

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