domingo, 9 de septiembre de 2018

No son ellos la sal sino la miel del mundo


JEREMIAS 23: 30
"Hurtan mis palabras cada uno de su más cercano; yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dice: él ha dicho, hacen errar a mi pueblo con mentiras y lisonjas". 

Dice Gill que posiblemente usaban las mismas frases que los verdaderos profetas, “así dice Jehová” “así dijo el Señor”. Usan palabras bíblicas pero no son auténticos profetas. Estas palabras no se refieren a los sencillos predicadores poco surtidos de ideas para predicar que compran libros de sermones para predicar y los usan como propios. Eso es bueno hacerlo, leer cómo otros han explicado la palabra de Dios y aprender de ellos.
Los que menciona Jeremías no es que roban mensajes para predicarlos como propios sino que la palabra de Dios que el pueblo oye, los que la guardan, ellos con su falsedades se la quitan como si se las robaran. Esa es una interpretación, y si yo fuera a ampliarla diría que lo que ellos roban es el oficio de profetas, el llamamiento de profeta, o sea el púlpito.

En cuanto a la metáfora de la lengua dulzona parece que es más apropiado tomar el sentido literal, que quiere decir tomar algo y ponerlo alto; o sea que ellos se elevan a sí mismos, se enorgullecen y suben a una posición que no les corresponde, (y eso es pecado, ver He. 5:4) como si tuvieran una voz celestial; y si se quiere decir que con adulaciones embaucan a los ingenuos, es verdad que en contenido eso es lo que hacen, "adulando a los hombres para sacar provecho" (Judas 1:16). No son la sal sino la miel del mundo, y prohibida en los sacrificios (Lev. 2:11).

Hace un par de días estaba escuchando a un “apóstol”  hispano predicar; así lo identificaba el subtítulo que se leía en la televisión. ¿Quién lo habrá hecho apóstol? –Pensé-  ¿Se habrá auto titulado o ya otro auto ungido como tal le habrá pasado el título? Me acordé que cuando fueron a elegir el sucesor de Judas había varios que cumplían los requisitos apostólicos y sin embargo eligieron sólo uno y después de ése no se lee que insistieran en completar el favorito número doce; todos se fueron yendo al cielo y en lugar de ellos dejaron los púlpitos ocupados con sus escritos y doctrinas apostólicas. No supe si enojarme o reírme de él por su pretensión, pero cuando llevaba unos quince minutos  hablando y haciéndome esperar que dijera algo sin decir nada, terminé aburriéndome y cambié el canal y me puse a mirar Fox News y las calamidades haitianas.