sábado, 1 de abril de 2017

Jesús no tiene oídos sordos


JUAN 11:21, 22, 32
"Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto". Hay veces que hablamos desesperadamente y la situación nos hace pronunciar palabras inapropiadas. Esto es una queja, a veces nos quejamos, de forma comprensible, sin embargo lo que dice es verdad. Si Jesús físicamente hubiera estado presente allí, no se hubiera negado a recuperarlo. Debiéramos estimularnos a la fe cuando el Señor parece demorarse, para agradecer más y lamentarnos menos, y eso entre tanto no nos responde las peticiones “que le hayamos hecho”, como es  su promesa, y las cosas no mejoran. ¿Si clamamos a él y no mejoran, se pondrán tan malas que ya no habrá remedio? ¿Qué cosa no tiene remedio cuando Cristo les dirige la palabra o las toque? Con solo tres palabras resolvió una malísima situación (Jn.11: 43). Nuestra fe necesita ser un poco más sazonada con la paciencia. He llegado a comprender algo sobre la providencia de Dios, y siento que es un poco más fácil entender que esperar. Tal vez lo que necesitemos sea más paciencia que sabiduría. Cuando las cosas pasan de una manera es porque el Señor así lo quiere.
Parece un reproche al Señor por su tardanza: "Te dimos un aviso pero no viniste". ¿Piensas que el Señor se hizo de oídos sordos? ¿Se demora inadecuadamente? ¿Reprochamos al Señor que ignora nuestros planes o que no nos informa con tiempo todo lo que quiere hacer? No acuses al Señor de alguna falta en su procedimiento y déjalo que actúe como guste, no hieras su corazón con reproches, con amor, pero no sabios.

       Marta con un pañuelo en la mano
JUAN 11:21-27
"Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá". Marta no se atreve a pedir que lo resucite pero eso es lo que quiere. La esperanza cristiana no es un consuelo para ella en ese momento. No puede con el pañuelo de la doctrina enjugar sus lágrimas y conformarse. Jesús no deja que nos suceda nada sin sentido (Ayúdanos Señor a creer eso). Jesús dice: "Debes consolarte con esa verdad, no tengas miedo morir ni que te visite la muerte, teme a la incredulidad,  a no tenerme a mí, a morir en pecados, porque morir en la fe es morir en mis brazos”.
Jesús no le dijo "cuando te mueras lo verás en el cielo; no es una porción de ti lo que verás, ni una parte; la esperanza que doy es mayor, la resurrección del cuerpo, en un mundo transformado. La muerte es reversible, lo que no es reversible es el destino eterno que cada cual escoja. Las oportunidades se agotan". A todo lo que me ha pasado el Señor le ha dado sentido. Y a Marta se le llenó el corazón de esperanza y consuelo, y con una promesa en la mano secó sus ojos.

         La declaración de fe de la hermana Marta
JUAN 11:23-27
"Ella le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo". Como en el N. T. la iglesia apostólica tenía una doble declaración de fe: Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios y el Cristo. Las consecuencias son: divinidad y señorío. En las Escritura se explica una con la otra. Muchos de los que hacían la confesión no sabían todas sus implicaciones. Ha sido la tarea del Espíritu Santo por medio de la iglesia y las Escrituras escudriñarla y sacar esas verdades afuera. Para tú conocerla tienes que hallarla en los labios de quienes más la sabían, Jesús, Pablo y Lucas. Al Cristo-Hijo de Dios no se le opone la muerte, es el Plenipotenciario de Dios en la tierra. Marta respondió con un credo más amplio que el que se le pidió. Jesús le propuso que creyera, o le pidió un examen solamente sobre si él tenía el poder para resucitar a su hermano. La joven le respondió con una declaración de fe más que un tópico acerca de ella. Y eso es hermoso que Jesús nos pida una opinión, la fe en una doctrina y podamos enseñarle todas las que creemos y toda la fe en ellas. Así, dicho de forma humana, lo sorprendemos y le llenamos de alegría, y le hacemos ver que su ministerio está siendo fructífero, y que su capacidad como Maestro está probada en nosotros. Oh Señor Jesús que no sufra indeciblemente por los cristianos muertos, por los míos, por su muerte. El don de mi resurrección es por estar en ti.

           Estamos autorizados a llorar
JUAN 11:35
"Jesús lloró". "¿Por qué lloras Señor? Lloras junto a un cadáver amado, por las consecuencias del pecado, la muerte. Lloras con la familia porque ella llora. Por simpatías con ellas. Cuando aquél que es toda bondad ve un alma que ama sufriendo las consecuencias del pecado, llora. Enséñame a sentir como tú, que si yo consuelo a alguien lo haga con lágrimas, no por mi falta de fe sino por simpatías. Lloramos los dos. Este es uno de los más grandes y cortos versículos de toda la Biblia. Este es el Jesús que tenemos en nuestros funerales, aunque sea “la resurrección y la vida”. Llora por la condición en que nacemos aunque lo va a resucitar. No se sonrió ni les dijo, “no lloren que estará muerto solo unos minutos más”, sino que sollozó. No les dijo “celebren la vida del muerto, no le hagan caso al ataúd, a la tumba, al vacío que deja en la familia ni en los corazones rotos, traigan cantores, aplaudan, sonrían, salúdense, apártense para una esquina y olviden que se hallan en una funeraria”. La esperanza cristiana no es eso, eso no es fe, es huir del dolor, camuflarlo, y en todo caso una burla. A la muerte no se le burla porque es una sentencia divina. Jesús lo que hizo fue dejarles mil pañuelos de promesas para que con ellos se sequen la humedad de los ojos y entre cristalinas lágrimas esbocen una sonrisa y puedan cantar, triste pero cantar y orar. O por lo menos como dice Santiago, hacer oración. El Autor y Consumador de la fe nos autoriza a llorar junto a nuestros amados muertos (ver nota vv.36-38).