jueves, 27 de abril de 2017

La cena o eucaristía es para los cristianos



EXODO 12:43,44
“Y el Señor dijo a Moisés y a Aarón: Esta es la ordenanza de la Pascua: ningún extranjero comerá de ella”.  

Llamo eucaristía no a la misa católica que enseña la transustanciación, sino a la comunión evangélica. Sin embargo, ella, la cena digo, no es propiedad de una denominación sino de todos los cristianos. Quiero decir que tienen derecho a participar sin distinción de etiquetas de grupos eclesiásticos, llámense bautista o tenga otro nombre.
El texto me hace pensar en la muerte de Cristo por la iglesia, “la amó y se entregó a sí mismo por ella” (Efe.5:25). En realidad, es ofrecido al mundo entero y solamente “los circuncidados” de corazón, los que han echado afuera el prepucio “del cuerpo del pecaminoso y carnal” son aceptados legítimamente a participar de los beneficios de su muerte (Col.2:11,12). No que el bautismo te de ese derecho, sino el nuevo nacimiento. No debe la forma del bautismo, y por ende mucho de las distinciones cristianas, limitar el acceso a la cena del Señor sino la conversión y la santificación. Es discriminación o abuso excluir a otro evangélico porque es de otro grupo cuando básicamente creen y adoran lo mismo. La santa Cena es “del Señor”, no nuestra, y el requisito único para no compartirla lo ha dispuesto él, el nuevo nacimiento como hijo de la promesa, no un “extraño y enemigo”. Extraño se debiera traducir “alienado”, uno separado y que no tiene comunión con el pueblo de Dios. ¿Y cómo saber si alguien es convertido o no? Sólo Dios lo sabe, y la conciencia. Así que ella es la que hace la decisión. Por supuesto que un hereje o idólatra, que no entrará al reino no debe tomarla (1Co.5:11; Efe.5:5; 1Jn.5:21; 2Jn.1:10).