jueves, 18 de agosto de 2016

Si pintas un retrato de Jesús siempre condescendiente, te equivocas

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MATEO 12:33-37
O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol. ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.

Jesús califica como malo el corazón que ofende a Dios. Estas son palabras fuertes pero apropiadas para los fariseos y escribas quienes en su interior eran un almacén de pecados. Por supuesto que aquel dicho tuvo que ofenderlos puesto que se fingían honorables religiosos y él les llamó “generación de víboras”. Jesús les dice que era natural en ellos hablar como lo hacían porque dentro no tenían otra cosa que malos pensamientos y herejías. Esa observación era tan cierta como el producto de un árbol que por sus frutos es identificado. Eran malos en intenciones y eran malos en sus confesiones doctrinales anti cristianas, y de eso tenían lleno el corazón y la boca. Es cierto que un hombre malo puede hablar como uno bueno porque aun los diablos lo hicieron y formularon confesiones ortodoxas y santas.
También es verdad que la mejor demostración de lo que una persona tiene dentro no son sus palabras ni lo que escribe sino lo que hace, su conducta; pero Jesús aquí se refiere a lo que ellos dijeron de él y del Espíritu Santo. No eran palabras fingidas sino reales que mostraban los sentimientos que tenían. Por dentro, en la cáscara, en la sabia, en las hojas, en el tronco y raíz eran malos, tanto los frutos como la sombra, y cualquiera que se acercara a ellos sería dañado. Jesús les dijo que no podrían expresarse de otro modo que como eran, y eso era odio más que una opinión sobre su persona, ceguera, envidia y amor al poder. Llegará un día en que tendrán que opinar ante Dios y dar cuenta de toda palabra ociosa y de toda confesión anticristiana que hubieran dicho o escrito y responder por aquellos que creyeron sus tergiversaciones y errores.

El corazón humano por naturaleza no es bueno pero se llena con lo que uno le eche. Jesús compara el corazón humano con un cofre que puede contener joyas preciosas y también toda clase de deshonestidades y pecados. Los que al oírle le confesaban con sus bocas era como si sacasen joyas afuera y los que habrían sus labios para rechazarlo era como si extrajesen pecados.
Tenga lo que tengas en el corazón el Espíritu Santo al aplicar el evangelio hace que se descubra (He.4:12), y lo único que hay en el corazón humano es malo. El tesoro no es algo que nace en él sino que es depositado allí por alguien, si alguno al abrir su boca saca de su corazón palabras bellas y de gracia es que allí han sido puestas por Dios. La intención de Jesús no es enseñar que por naturaleza haya corazones buenos y malos, lo que quiere es que todos sepan y particularmente los fariseos, que si decían aquellas cosas contra el Espíritu Santo y contra él, no era por celo religioso, ni por piedad, ni por ser guardianes de la verdadera religión de Israel sino por maldad.
En nuestro corazón por naturaleza no hay otra cosa que pecados y engaño (15:19). Ningún otro estudio en el mundo es más perfecto para conocer tu corazón que el mensaje del evangelio; a cualquier otra conclusión que arribes que no sea a la que tu corazón es malo, es irreal, porque quien único conoce el corazón y la mente es Jesucristo (Apc.2:23).
Jesús sacude duro el corazón de ellos con su escatología. Y eso lo dice de modo ardiente con el propósito de sacarles de dentro lo malo que tenían. Mira la forma tan áspera  con que Jesús se expresa para corregir a los blasfemos (v.34), "generación de víboras", Jesús emplea lenguaje tan ardiente cuando es atacado él, cuando es atacado el Espíritu Santo y blasfemado. Quizás alguien, menos perfecto que él, otro predicador cobarde y de menor categoría, hubiese argumentado, llorado o ido a orar por ellos, pero lo de Jesús es una invectiva aparentemente desafecta, sin embargo es la correcta porque siente en carne propia de la divinidad el ataque, porque Dios es deshonrado. ¿Y quién puede oír cosas tan horribles contra Dios y expresarse tiernamente sin vigor? Los que pintan un retrato de Jesús siempre condescendiente se equivocan.
Estrictamente para Jesús la gloria de Dios está por encima de la oratoria, de la predicación, de la cortesía humana, de la prudencia y aun de la salvación de los pecadores. Si llamar a los incrédulos víboras y condenarlos al infierno por sus pecados es cosa que glorifica a Dios, Jesús no vacila en hacerlo y además se enardece en ello. Los pecadores no se evangelizan sólo poniendo la vista en los intereses de sus almas sino en la gloria de Dios. Jesús es un buen árbol, árbol de dulces frutos, árbol de vida, y rechazarlo es un menosprecio tan grande contra la bondad de Dios que apenas cabría bajo este cielo (v.33).
Pudiera ser que Jesús se molestara cuando le dijeron Beelzebub, a él y al Espíritu Santo y echara mano de su escatología para atemorizarlos.  Les hace la advertencia que hay un juicio final ante Dios ante el cual tendrán que responder por sus acusaciones falsas, sus declaraciones teológicas mal intencionadas y por haber apartado de la fe a muchos siendo obstáculo para ellos.