martes, 9 de agosto de 2016

Estudia las cartas de Pablo y lee los comentarios de Juan Calvino


2 CORINTIOS 1:15-23
“Por tanto, cuando me propuse esto, ¿acaso obré precipitadamente? O lo que me propongo, ¿me lo propongo conforme a la carne, para que en mí haya al mismo tiempo el sí, sí, y el no, no?”. 
 Pablo anunció su visita a Corinto; era su propósito ir directamente desde Éfeso (v.16), pasar por Macedonia y regresar a Corinto. Este plan tuvo que ser modificado mucho antes que la primera epístola fuera enviada (1Co.16:5), les dice que no irá sino hasta que pase por Macedonia. Sus enemigos se apresuraron para descalificarlo y acusarlo de que decía una cosa y hacía otra, que era un hombre inconsistente e inestable y que usaba de ligereza (v.17). Pero lo principal no fue el ataque personal que él fácilmente contestó diciendo que el motivo que tuvo para variar sus planes fue que deseaba ser indulgente con ellos y no usar severidad por los muchos pecados que encontraría al llegar, dándole tiempo al Espíritu para que usara su carta y cuando llegase los hallase como lo deseaba (3:1-3;12:20). Enseguida le fueron encima a sus doctrinas, las que había enseñado por palabra y por carta, y alegaron que con ellas pasaba lo mismo, no eran seguras, siempre estaba cambiando, no predicaba un absoluto, no se podía confiar que lo que enseñaba hoy fuera lo mismo que mañana. Era imposible asentar la esperanza de la vida eterna en lo que él dijera. Eso era lo grave, por eso el apóstol le dedica mucho más espacio a defender el evangelio que a su persona (Comp. vv.15-22 con v.23).
Es como si les respondiera: “si mis enseñanzas no son seguras, si mi evangelio va cambiando con las ocasiones, si no soy un maestro en quien se pueda confiar ¿por qué cuando les prediqué a Cristo todas las promesas de Dios fueron cumplidas en él? ¿No cayó el Espíritu Santo cuando les anuncié el evangelio? ¿No les he dado motivos para pensar que tengo el Espíritu de Dios?”. Enseguida asediaron el evangelio de Pablo, principalmente sus enseñanzas referentes a Cristo. Con toda seguridad le acusaban que su evangelio, como él lo llamaba (Ro.2:16), no era el evangelio apostólico y por ende el de Jesucristo, porque no era un apóstol.
Oh amado, lo que has aprendido de Pablo es confiable, lo que nos ha enseñado de Cristo es cierto. Su evangelio no es según hombre sino de Dios (Ga.1:11,12). No tengas dudas que él haya sido inconstante en su teología y que fuera variándola fundamentalmente por etapas. No, lo que hemos aprendido de Cristo, así es él, así lo conocieron los apóstoles. Su mensaje recibió divina confirmación y puedes cerrar tus ojos y mirar por los suyos con su cristología, con su escatología,  confiar el bienestar eterno de tu alma a lo que por él has aprendido. No fue un maestro movedizo. Fue añadiendo enseñanzas y revelación a sus primeras doctrinas pero no cambiándolas. Oh Señor, ayúdanos a estar seguros en lo que hemos aprendido por Pablo de Cristo, que no seamos hallados falsos testigos tuyos, que no admitamos como verdades herejías. Danos con Cristo todas las cosas (Ro.8:32). Amable hermano, ¿eres un defensor del evangelio? (Flp.1:17). Confía en este evangelio incambiable, no hay otro, no es diferente al que enseñó Jesús. El paulinismo no es sólo una interpretación teológica de Cristo, es Cristo. Y Pedro mismo dio a entender que había que estudiar mucho sus enseñanzas porque costaba trabajo comprenderlas (2Pe.3:16). Lo que ensenó Jesucristo es la verdad, él era la verdad. Pablo interpreta a Cristo, Agustín de Hipona ofrece a la iglesia en teología sus interpretaciones doctrinales y Juan Calvino las sistematiza y se las entrega a la iglesia cristiana reformada.