viernes, 6 de mayo de 2016

No enfrentes a Pablo contra Pablo, y eso otro es feminismo

1TIMOTEO 2:11-15
“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia”.  

Aquí no se refiere específicamente a la salvación de la mujer, aunque se hace referencia (v.15), sino a su posición dentro de la iglesia. Pablo está pensando en el culto cristiano, en la reunión de los hermanos como iglesia. Su pensamiento con respecto a la posición de la mujer en la iglesia es bien clara, va después del hombre, porque Dios hizo a Adán primero y porque ella fue engañada. ¿Discriminación? No, es organización. Así Dios lo organizó, así el Espíritu Santo lo declaró, ¿qué argumento podemos levantar en contra que no sea tomado como rebeldía? No se deben tomar estas palabras y enfrentarlas con otras escritas por su mismo autor en otra parte; por ejemplo, “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Ga.3:26-29), eso es enfrentar a Pablo contra Pablo; ni sacar fuera de contexto aquellas que escribió con respecto a ellas en relación con el uso del velo, “pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón” (1Co.11:5-11). En esta última ocasión el apóstol no está hablando sobre la organización en la iglesia sino sobre la salvación. La mujer es igual que el hombre ante Dios, pero evidentemente que ni física ni espiritualmente fue hecha para la misma función. No es discriminación, sino lo contrario, el liderazgo dado actualmente a la mujer en la iglesia para que la pastoree y la cuide como un anciano o un obispo, es feminismo, lo cual es demostración que el criterio de la iglesia en este sentido ha claudicado enfrente de la fuerza social y las ideologías humanas que la rodean.