domingo, 14 de septiembre de 2014

Son orgullos de la obra de Dios


Juan 12:7
Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto”.  

“Déjala”, no critiques a los hermanos que son consagrados. ¿No son discípulos como tú? ¿No están consagrados al Señor? ¿O te molesta la consagración de ellos? ¿Cómo es posible que eso te fastidie; no debería más bien molestarte la des-consagración de otros?
Hay discípulos que nunca hallan bien lo que sus hermanos hacen y no les critican lo malo  sino hasta lo bueno. No seas como aquel que fue un día discípulo y llegó a ser un traidor. Los que son así critican, por ejemplo, la generosidad que algunos hermanos y hermanas usan con sus consiervos o con la obra en general. Cuando se enteran del dinero que ellos dan a la iglesia les parece muy mal y lo califican como un "desperdicio" (Mt.26:8) y alegan que podía habérsele dado un mejor uso que tirarlo sobre la cabeza del Señor o sus pies. Enseguida proponen un uso mejor que el que se le dio, como si el dinero fuera de ellos o lo hubieran dado en préstamo. Se ofenden grandemente con eso de tal modo que si sus protestas públicas y a veces solo entre leales aliados no son oídas, abandonan la congregación o se abstienen de seguir contribuyendo. Piensan que aún el dinero que dieron a la iglesia les pertenece y tienen que usarlo como ellos precisamente indican. ¿Es bueno lo que hizo María? Sí, es bueno. ¿El Señor lo desaprobó? No, al contrario, le gustó. A veces las frecuentes críticas no van dirigidas contra los que nada hacen por el Señor sino contra aquellos que más y mejor lo sirven, con los que son el orgullo de la obra de Dios.