lunes, 22 de septiembre de 2014

Jesús no era un predicador vulgar ni un chapucero

Hechos 4:13
"Al ver la confianza de Pedro y de Juan, y dándose cuenta de que eran hombres sin letras y sin preparación, se maravillaban, y reconocían que ellos habían estado con Jesús". 

Del vulgo. Esto no es una excusa para no ocuparse en leer (1Ti.4:13; 2Ti.4:13), y no comprar libros devocionales que inspiren el alma y hagan crecer la fe y la esperanza celestial. Ni comentarios que robustecen el entendimiento de la Escritura. Tampoco es una excusa para no hablar y escribir bien el idioma y para predicar diciendo palabras mal dichas que desacreditan el evangelio y la oratoria cristiana, o escribir con horribles faltas de ortografía. Nuestro Señor no fue un hombre sin letras y del vulgo y aunque le predicaba a muchos analfabetos no hacía descender sus palabras a aplicaciones feas en un afán de ser contemporáneo.  No tenía títulos rabínicos pero sí muchos conocimientos y por eso le llamaban rabí (Luc.2:52). Sus palabras, como por ejemplo el Sermón del Monte y las muchas parábolas que imaginó, son muestras de su cultura, como quien diría, de autodidacta. En cuanto a los apóstoles, parecían más cultos; el Señor les había dado sabiduría.  La íntima y diaria relación con la Escritura hinche  de conocimientos el intelecto. Cada cristiano inteligente debiera llegar a ser como un rabino cristiano, “docto en el reino de los cielos”, sacando de su bendecido cerebro cosas viejas y nuevas (Mt.13:52). No era vulgar ni un chapucero.